lunes, 20 de octubre de 2014

Walküre-Un cuchillo en las tripas (segunda parte)

Pues ya está, la segunda parte de Un cuchillo en las tripas. Sigue la investigación y como siempre quiero vuestra opinión, sed malos, es lo que quiero.

Capítulo 2

6 de agosto de 2075 
Sigue haciendo un tiempo horroroso  y casi os parece que esa edad de hielo que se echa encima del planeta sea una buena idea. Una espesa niebla industrial recubre las calles y apenas veis más allá de un palmo de narices, casi os cuesta encontrar la entrada el siniestro edificio donde residía el finado nazi al que tenéis que dar justicia. Los agentes de uniforme os reciben con una mueca de compasión profesional. Casi sorprende que los federales no se hayan apropiado del caso pero en el fondo...a nadie le importa un nazi muerto en Nueva York. Toca pringar a los siempre con esta mierda con olor a chucrut mal digerida.

Cuando el ascensor abre las compuertas en el ático os recibe una puerta blindada abierta de par en par donde hace guardia otro agente uniformado que mastica chicle y sonríe al permitirles acceder al cuarto de estar. Ahí, rodeados de símbolos del Reich y retratos de distintos líderes de Germania, hay dos alemanes muy arios sentados en sillones forrados de cuero negro y de pronunciada musculatura. Uno de ellos solloza pese a las miradas como dagas que le lanzan sus compañeros. Media docena de agentes vigilan a los testigos con las pistolas táser muy bien sujetas, sobretodo aquel que vigila un pequeño arsenal de armas cortas y escopetas que descansa en una esquina. El piso tiene tres habitaciones, dos cuartos de baño y una cocina inteligente de fabricación alemana. Las puertas son de acero, con cierres electrónicos inteligentes, uno de ellos está destrozado, como si le hubieran pegado un tiro.

Los forenses están en el cuarto de mayor tamaño, donde está al víctima. La elegancia de la estancia, madera de roble trabajada por un ebanista y acogedores muebles ¡incluida una biblioteca analógica!, se rompe con la presencia machacona y cargante de banderas, bustos y retratos nazis que hay por toda ella. El fallecido se encuentra encima de una enorme cama, desnudo y en un estado tan lamentable que los otros suicidas. Huele a sangre y madera quemada. Su ropa se encuentra plegada de forma impecable encima de la mesa.
El finado se llamaba Wolfgang Muller Kummer, tenía 31 años y era desde hacía 7 meses el agente plenipotenciario germano en la costa este de Estados Unidos.  Su piso funcionaba como oficina para las  actividades del agente, aunque no disponía de un estatus diplomático oficial. La embajada alemana en Washington no dispone, o no quiere disponer, de información sobre Muller alegando un status especial dentro de la estructura diplomática germana. Nueva York carece tradicionalmente de consulado alemán debido a las presiones de la comunidad judía de la ciudad.

La embajada
El embajador Guntër Blume no se encuentra en Washington en ese momento y su secretario, que será quien atienda a los personajes, no dará parte de su localización debido a que legalmente solo están obligados a dar esa información a agentes federales. Puedes emplear este hecho para sembrar la duda, pero en realidad Blume está de caza con varios senadores del medioeste.
El secretario, que se llama Adölf Krakauer, es un sujeto alto y de aspecto sereno que viste de forma impecable. No es particularmente amistoso y aunque está claro que está molesto por tener que hablar con los personajes intentará ocultarlo forzando su acento. Lo cierto es que no dispone de demasiada información sobre Wolfgang Muller, de hecho una tirada Media de Averiguar Intenciones podría indicar que no entiende porque se escogió a alguien tan joven como agente plenipotenciario. Si se incide en esa cuestión Krakauer se encogerá de hombros, afirmará suponer que el brillante expediente del finado (al que no podrán acceder) y los contactos de su familia pero una tirada Desafiante de Averiguar Intenciones demostrará que miente. Una breve investigación en la Malla sobre Wolfgang Muller Kummer o su familia superando una tirada Desafiante de la habilidad Computadora no aportará nada sobre la familia Muller Kummer (hay un tal Dieter Muller Kummer viviendo en Luxemburgo, pero es carnicero). Sin embargo, con un grado de éxito +2 se encontrará en la versión digital del Berliner Illustrirte Zeitung algo muy interesante, la foto de un acto de las SS en Berlín donde el reconocimiento facial ha identificado al finado, si se estudia se identificará el símbolo de la Ausland-SD en su manga izquierda.
Krakauer sostiene que los gastos del agente plenipotenciario no los costeaba la embajada sino mecenas anónimos residentes en Alemania. No tiene ni idea de donde han salido las armas, ni con quien se reunía. Sostiene que la embajada iniciará las diligencias adecuadas para averiguar de donde han podido salir. Por supuesto miente.

El cuarto
Entre todos los elementos de patriotismo germano los personajes podrán encontrar tras la pertinente investigación varios indicios de interés. En el escritorio hay un pequeño ordenador de alta gama de la casa Steinberg, el cual está protegido por una contraseña que solo podrá ser superada con una tirada Muy Difícil de Computadora. Todo el contenido está, como no, en alemán y llevará varios de completa dedicación leerlo entero. Muller redactaba informes de las reuniones y eventos a los que asistía, que no eran tan pocos como podría parecer. La mayoría consistían en almuerzos y cenas con empresarios con propiedades en la industrial Long Island, la mayoría de ellos vinculados con la industria robótica. En la última semana había visitado las instalaciones de L-Island Dinamics, propiedad del polémico industrial e ingeniero Jeremy Southman.

Si investigan a L-Island Dinamics verán que es una de las empresas punteras de la costa este, con varios contratos con empresas de seguridad privadas como Dark River, y que si no ha conseguido lucrarse con contratos federales u militares ha sido a causa de su controvertido dueño y gurú. Jeremy Southman de 42 años y nacido en el exclusivo barrio de Studio City (L.A) ha declarado ante el Congreso sobre la necesidad de iniciar relaciones cordiales y de amistad con Alemania con tal de afrontar la amenaza del comunismo. Así mismo ha financiado grupos juveniles de ideología nazi y a varios partidos de ideología nacional-socialista, todos ellos ilegalizados en base a la Ley Patriótica de Seguridad de 1999. Southman ha sido el organizador de numerosas charlas y coloquios de carácter provocador en los que abogaba la transformación de la Unión bajo los ideales del nacional-socialismo. Todo ello le ha granjeado gran cantidad de enemigos dentro del país, ha sufrido más de un boicto e incluso un intento de asesinato, y una relación muy beneficiosa con los gobiernos Europeos y el argentino. Con todo, Jeremy Southman es considerado un empresario ejemplar y goza de una enorme popularidad entre sus trabajadores debido a las estupendas condiciones que disfrutan. Es posible concertar una visita a la fábrica para esa misma tarde.

Así mismo hay varios libros en inglés en la memoria del ordenador. Son libros de investigación de un tal Lucius Moulder. Un historiador especializado en la Segunda Guerra Mundial y el periodo inmediatamente posterior al conflicto. Investigar al señor Moulder llevará varias horas. Es canadiense, residente en Nueva York y ha publicado artículos en distintas publicaciones, algunas de ellas vinculadas a movimientos de la conspiración. En varios de aquellos escritos ha afirmado que existen pruebas de matanzas étnicas a nivel en el territorio ocupado por los alemanes, matanzas que han sido escondidas por el gobierno del Reich. Los académicos, no solo alemanes, han rechazado las teorías de Moulder y las han tachado de patrañas, pese a las contumaces afirmaciones del canadiense relativas a la existencia de pruebas.
Si llaman a su casa en Chelsea (en la calle 24 con la novena avenida)...nadie responderá. Si investigan esta vía no darán con nada, según el portero se fue de viaje hace ocho días. Llamó a un taxi para Moulder para que lo llevase al Aeropuerto Internacional Henry Ford, si lo comprueban jamás llegó a embarcar. Aquello sucedió entre las 13:15 y las 14:00 del 30 de julio.

Pagos
Es imposible conocer los movimientos bancarios de  Wolfgang Muller debido a la naturaleza opaca de sus cuentas. Si revisan su ropa descubrirán el recibo de un viaje en taxi a Chelsea, paró en la calle 24 con la novena avenida, donde hay un famoso restaurante alemán. Si lo comprueban descubrirán que Wolfgang comió ahí el 30 de julio. Entró a las 13:01 y no se fue hasta las 16:00, estuvo cantando con los parroquianos. Afirmarán desconocer la afiliación política de Muller y se sorprenderán si se menciona su pertenencia a las SS.

Los guardias
Wolfgang Muller compartía el piso con dos ciudadanos alemanes con visado en regla y fornidos como ellos solos. Son "agentes autónomos de seguridad" contratados para trabajar en la misión diplomática neoyorquina.

El mayor de ellos es Maxmillian Frei, de 47 años y residente en Nueva York desde hace casi cinco años. Sus tatuajes lo identifican como un veterano de las guerras africanas. Su brazo izquierdo presenta desgarros que dejan al aire su naturaleza biónica ,no tiene permiso para conservarlo en Estados Unidos. Habla mal el inglés y se muestra hosco. Frei cree que Muller ha perdido la cordura debido a las corrupción americana, afirma que hacía escapadas sin informarles y que sospechaba que consumía drogas. Llevaba varios días sin salir de su habitación. Cuando a las 4 de la madrugada comenzó a gritar como un poseso lo que Frei considera “obscenidades” intentó abrir la puerta, y al estar bloqueada optó por la vía rápida. De ahí el desgarro. Si se le presione para que describa los gritos de Muller, Maxmillian Frei se limitará a decir que ningún miembro de las SS podría ingresar en el cuerpo si presentase las impurezas que afirmaba poseer. Locuras, drogas. Tendría que haber actuado.
Su compañero es Adolf Kittel, de 19 años. Apenas llevaba viviendo en Nueva York medio año y parece encontrarse muy perturbado. Cuando le interroguen se esforzará por dejar de llorar, sin mucho éxito, e intentará mostrar fortaleza ante unos americanos. Kittel defenderá a “Wolf”ante las acusaciones de Frei; según él el fallecido no consumía drogas, ni siquiera alcohol o carne. Kittel contará lo mismo que su compañero, aunque añadirá que llevaba nervioso y dormía mal desde hacía varios días, desde su última visita a Long Island. Aunque no había pasado nada extraño aquel día, salvo un incidente bastante humorístico que recordará con tristeza. Su Persolink recibió un golpe en la fábrica propinado por un androide experimental y algo torpón, tras lo cual empezó a proyectar en bucle un clip muy gracioso de los dibujos animados favoritos de su amigo. Southman mandó a sus informáticos arreglar el aparato, el cual ha ardido en la hoguera.

Si se les pregunta por las armas se limitarán a decir que eran por “seguridad”. Por supuesto no tienen permiso de tenencia y son ilegales.

El cuerpo
Wolfgang Muller está en el mismo estado que los otros suicidas, con dos salvedades. El cuerpo no está desnudo del todo pues porta un uniforme abierto y desgarrado de las SS, y  el cuchillo empleado no es uno oxidado y roñoso, sino uno de las Schutzstaffel. La autopsia revelaría que el finado llevaba una vida sanísima...pero por desgracia esta no podrá ser efectuada hasta que el juez lo permita dada la particular naturaleza del finado.
De momento solo pueden mover el cuerpo a la comisaría y ponerlo en frío para que no se pudra..de ahí pasamos al capítulo 3 de nuestra historia.

1 comentario:

  1. Buenas Crom! Va a haber 3 capítulo??? Está muy interesante!

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