miércoles, 8 de octubre de 2014

Walküre-Un cuchillo en las tripas (primera parte)

Cuando escribo que quiero publicar siempre hago lo mismo, lo pongo en el blog como manera de esforzarme a seguir y, que coño, recibir algo de feedback. Esta aventura de muertes macabras y conspiraciones se debe a una partida jugada con los muchachos y muchachas de Colectivo 9. A ver que os parece.



Resumen
Los personajes de Un cuchillo en las tripas son agentes de homicidios de la comisaría numero cuatro de Nueva York, situada en la primera avenida de la ciudad en la esquina con la calle 52, que investigan una serie de misteriosos suicidios. Misteriosos porque los tres suicidas lo han hecho con el mismo brutal y sangriento ritual, sin tener relación alguna. Empezarán la aventura en el escenario del tercer suicidio, situado justo enfrente de Truman Plaza...y dos días después serán avisados del descubrimiento del cuarto cuerpo. Un nazi en misión diplomática autorizada. El gobernador comienza a presionar al comisario, y este a sus agentes.
Y mientras esto sucede una oscura conspiración se retuerce. Como una anaconda. Alrededor del cuello del asesino y los policías.

¿Que está pasando?
Dos hombres y una mujer han aparecido muertos en sus domicilios, repartidos por todo Nueva York. Serían solo tres suicidios más de los tantos que semanalmente tienen lugar en la urbe, si no fuera porque todos aparecieron muertos con un tosco cuchillo oxidado perforándoles las tripas...y horribles mutilaciones faciales. No existe relación entre ninguno de los fallecidos, salvo sus muertes y su nacionalidad estadounidense. Eso será hasta el descubrimiento del cuarto fallecido... nada menos que el agente plenipotenciario del Reich. Esto provocará una tormenta diplomática y un aumento de la presión sobre los agentes. Y tal vez algo más...
¿Que está sucediendo? Los cuatro finados forman parte de un grupo secreto, clandestino y no oficial vinculado al Inland-SD llamado Geheimnis, cuya función desde hace más de un siglo es mantener los horrores cometidos por el Reich en secreto. Los Hüter der Geheimnisse (Guardianes de Secretos) llevan 130 años robando, chantajeando (no demasiado a menudo, por cierto) y matando con tal de eliminar toda prueba, testigo o investigador entrometido. Los miembros del  Geheimnis solo son conocidos por sus jefes de célula, que tienen prohibido mantener registro alguno sobre sus compañeros de conspiración. Por desgracia para los “suicidas” su jefe, Herman Kohl no ha sido diligente respetando esta importante regla, y hace meses sus archivos sufrieron la visita de un hacker de Masada llamado Arón Edelstein. Ante la imposibilidad de obtener documentación incriminatoria que lanzar a la Malla el sádico Arón ha optado por sembrar el miedo entre los Hüter der Geheimnisse... obligando a los conspiradores a quitarse la vida de forma horrenda.
¿Como? Aprovechando el Persolink de sus víctimas, en los que ha introducido una subrutina capaz que introduce imágenes y mensajes de forma subliminal capaces de generar un brote psicótico y comportamiento suicida en la víctima...además de instar a la víctima a suicidarse con un ritual muy concreto. Arón escribió el código de esa subrutina hace años, y lo ha ido mejorando con el tiempo, y ya ha sido empleada otras dos veces en el pasado. La última vez hace 5 años.
Por desgracia para él y los agentes de homicidios encargados de trabajar en el caso su éxito ha sido enorme. Kohl ha movido los hilos y ha logrado hacer entrar en los Estados Unidos un pequeño operativo con el fin de suprimir las pruebas y testigos que pongan en peligro la centenaria conspiración. Con plomo. Y a hierro.

Capítulo I
4 de agosto
Hace un calor de mil demonios y no para de llover. La humedad es pesada, pegajosa e incomoda como un baño en mermelada.
Los personajes están en un pequeño loft situado en la primera avenida, con vistas al East River y la industrial Long Island, cuyas altas colmenas apenas se ven debido a la contaminación. Tienen en sus manos los resúmenes de los otros dos casos, a los forenses revoloteando por la escena y el sabor de la bilis en la boca. El loft está decorado con un buen gusto digno de mención, con todas las piezas de tecnología integradas en el conjunto y apenas visibles.  Las enormes ventanas del domicilio forman las paredes que dan a la calle 52 y la avenida, proporcionando una amplitud asombrosa. El cuarto de baño, donde la víctima se ha quitado la vida, está en el centro del loft, oculto tras 4 paneles de cristal inteligente que forman un falso pilar. El metálico olor a muerte es penetrante...y se mezcla con el de los ligeros ambientadores imitación a pino del lugar y el de las flores de verdad.
La víctima es una mujer de 45 años, afroamericana y en buena forma. En su carnet de periodista pone que se llama Rachel Freeman y trabaja para The Old New Yorker, la publicación semanal (digital, claro está) más leída por los liberales a la antigua usanza de la ciudad. Unas llamadas a la revista y a la comisaría permitirá a los personajes conocer los siguientes datos sobre la víctima:

La revista.


Era maquetadora, habiendo ganado varios premios por su buen hacer, y verificadora. Llevaba seis días de vacaciones, aprovechando unos días libres pendientes para descansar y recuperarse de una temporada particularmente dura. Como el resto de sus compañeros de profesión la señorita Freeman trabajaba desde casa y no realizaba trabajos como freelance teniendo un contrato, muy bien pagado, de exclusividad con The Old New Yorker. Llevaba trabajando 11 años para la empresa, tras ganarse un buen nombre en distintas publicaciones menores, desde revistas serias de investigación histórica a otras más amarillistas, a lo largo de la costa este. Era muy cordial con los trabajadores de la empresa, como demostrará una rápida lectura de sus correos (previa autorización judicial, claro). Nunca tuvo un retraso.

La comisaría
Sin implantes registrados ni a la vista. Soltera. La señorita Freeman carece de antecedentes y su relación con el fisco parece en regla. Sin licencia de armas. Para acceder a su saldo y movimientos bancarios habrá que esperar a recibir la autorización. Cuando llegue no se verá nada raro en las últimas semanas ¿lo más destacable? El arreglo de su Persolink (un Brown Pro Serie VIII) cobrado en el la Brown Store de la quinta avenida (400 dolares) hará un mes y medio, unos depresivos muy fuertes con receta y varios libros en distintos idiomas (alemán, francés, español). Son libros de historia de reciente publicación de pequeñas editoriales de todo el globo. Así mismo y desde hace más de 20 años la señorita Freeman acudía a psiquiatras para tratarse de una depresión crónica (provocada por la perdida de su condición de aria).

Cuando indaguen sobre su pasado descubrirán al cabo de unos días que no hay apenas información sobre Rachel Freeman antes del inicio de su vida profesional en una publicación digital ya desaparecida de Chicago. Algo que no sería tan raro si no fuera porque tampoco se encuentra nada sobre sus padres, ni una compra de videojuegos, ni una multa, ni una hipoteca, nada. Como si hasta entonces fuera un fantasma. Tal vez se deba a que sus padres fuesen convictos, tal vez se cambiase de nombre. Su título universitario es falso, lo mismo que su master, pero está claro que sabía que lo se hacía. Rachel Freeman es un misterio.

NOTA: lo que sucede es que Rachel Freeman es la identidad construida por la Geheimnis para infiltrarla como una afroamericana en los distintos medios sospechosos de recibir informaciones “delicadas” para el Reich. Hasta lo 18 años era una cultivada y aria muchacha de Nebraska llamada Kateryne Lenz, criada y formada para cumplir su función para Geheiminis. No fue soltada al mundo con su nueva faz hasta los 20, con la cirugía y los trasplantes totalmente hechos funcionales.

El cuerpo 
Rachel Freeman se encuentra desnuda en el suelo con sus tripas desparramadas en el suelo de azulejos blancos, negros y ahora rojo oscuro  del coqueto cuarto de baño. Ha mutilado su rostro con el cuchillo que aún conserva en sus frías manos, las cuales están quemadas hasta casi dejar ver el hueso. Sus párpados han sido extraídos, lo mismo que sus labios, lo cual se compagina con el largo corte que nace en la unión de los labios y que se prolonga hasta casi las orejas...para producir una sonrisa repugnante. El cuerpo presenta cortes superficiales en brazos y piernas.

El abdomen está abierto, con un enorme corte en forma de cruz griega del que salen como repugnantes gusanos las entrañas de la “suicida”. La sangre, comida a medio digerir (¿eso son champiñones?) y otros fluidos menos nobles bañan el suelo, mezclándose con los recios cabellos que Freeman se ha afeitado con el cuchillo, cortándose durante el proceso. El cuchillo es viejo, comprado sin duda en una brocante a juzgar de la capa de roña y óxido que tiene el filo. Imposible de rastrear. Exactamente igual que en los otros dos casos.

La autopsia revelará que la fallecida había consumido grandes cantidades de calmantes durante los últimos días. Junto a unos depresivos mezclados con alcohol. Aquello es  nuevo.

El loft
La fallecida era una mujer con buen gusto y con pocas posesiones materiales, especialmente viviendo en el corazón del mundo capitalista. Sobre su cama, la cual está revuelta y hiede a sudor, está su ordenador portátil (un elegante Brown de formas orgánicas) con un teclado holográfico de última generación. Si se enciende y se intenta utilizar cualquier personaje con un nivel de habilidad 2 en Computadora se percatará automáticamente de que la configuración del teclado es la QWERTZU, propia del mundo germano, y no la QWERTY más anglosajona. Aunque todos los documentos del ordenador están escritos en un perfecto inglés americano. ..bueno, no todos. Hay un  archivo escondido y que solo se podrá localizar mediante una tirada Muy Difícil de Computadora. Son una serie de entradas escritas hace varios días...en un no menos perfecto alemán. En esos documentos la autora, que no se da nombre en ningún momento, habla del profundo desprecio que siente hacia ella por ya no ser ella y haber dejado que la convenciesen para que se traicionase así misma.

La cocina es pequeña pero bien equipada, intentando imitar el acogedor estilo de una cocina rural europea de finales el XIX y ocultando dentro de la madera los elementos más modernos que saldrán al aire con un leve roce en los grabados de la mesa principal. Los cuchillos se encuentran perfectamente alineados en una plancha vertical  magnetizada. No falta ninguno. Por su lado, la nevera está vacía y los alimentos se pudren...en el suelo de la cocina. Una análisis forense indicará que fueron comido crudos y a dentelladas.

El suelo, las paredes y los cristales del loft son de material aislante, que en la zona central de la estancia se ha fundido debido a la hoguera que la suicida hizo antes de matarse. El plástico, el silicio y el material del suelo se han mezclado en una retorcida amalgama negra de la que nada se puede sacar.

¿Que sabe el vecino?
Rachel Freeman era conocida y apreciada, algo muy inusual en la árida gran ciudad, por su vecino, un polaco veterano de guerra llamado Prawo Mlyn que parece ser todo canas y barba. Fue este caballero quien oyó alaridos, que dado el aislamiento de las paredes da buena fe de la potencia de los gritos proferidos por la fallecida, a medianoche, aunque cesaron antes de que fueran las 00:05. Lo más preocupante era que su vecina llevaba varios días sin salir de casa, ni siquiera para pasear por Central Park como era su costumbre “para que no se le ensanchase el culo, ya sabe como son las mujeres a esa edad”. A la mañana llamó a la puerta a su vecina para ver que tal estaba, y al oler a quemado se preocupó, llamando a la policía a las 07:14. Para Mlyn su vecina era una mujer excepcional. Educada y trabajadora que no daba el más mínimo problema, al contrario. Visiblemente afectado por su fallecimiento dirá que la echará de menos.

¿Y los otros casos?
El primer suicida se quitó la vida el 15 de julio. Era Philip Ciampi, un fontanero italiano del Midtown que fue encontrado aún vivo por sus vecinos, hartos de sus gritos. Ciampi era perfectamente normal, muy conocido en su barrio por sus acciones solidarias y con un pasado impecable. Se había mudado desde Chicago hacía 5 años y dirigía personalmente una empresa de fontanería 24horas que operaba en toda Nueva York. En su casa no se encontraron ni libros ni ordenadores de ningún tipo, que presuntamente fueron incinerados en la hoguera que casi quema su piso. Ciampi acababa de comprarse toda una nueva instalación electrónica aprovechando los ahorros de los últimos años...pero todo ardió debido a su hoguera.

El segundo era James Reber, un casi anciano técnico de  limpieza que llevaba trabajando para una conocida empresa del sector desde hacía casi 12 años, habiendo recorrido prácticamente todas las demás a lo largo de casi 40 años, incluyendo algunas con contratos municipales. Reber era viudo desde hacía 30 años y no se le conocían relaciones. Su cuerpo llevaba varios días en el sótano en el que vivía cuando fue descubierto por su casero, que quería averiguar de donde venía aquella peste. Sus movimientos bancarios eran aburridos e incluso un poco infantiles. En los últimos meses se había descargado alrededor de 90 aplicaciones para su Persolink (un Ego R-Volution) incluyendo juegos (como el mítico Shadows of Marvalar) y películas de todo tipo.

Ninguno de los dos se conocía ni se movían en entornos relacionados. Lo más parecido a una relación es que Reber vivía a pocas manzanas avenida arriba del loft  Ni siquiera habían coincidido a lo largo de sus vidas laborales. Fue entonces cuando la prensa se hizo eco del extraño caso de los suicidas de la cruz en el pecho, aunque se abriesen el estomago, y el caso pasó a homicidios.

Vaya, otro suicida ¡atchung!
Pasados varios días el comisario les hará llamar a su despacho. Ha aparecido otro cuerpo,  pero esta vez no es un ciudadano estadounidense...sino alemán. El agente plenipotenciario del Reich en Nueva York. El comisario está de los nervios y de un humor de perros. Los mandará a la escena del crimen diciendo entre dientes algo así como “la alcaldesa me está mordiendo los cojones”. Cuando salgan de la comisaria una horda de fotógrafos y reporteros de todo tipo se les echará encima como pirañas, siendo las peores dentelladas las que lancen los que trabajen para el The Old New Yorker.

2 comentarios:

  1. Tiene una pintaca impresionante... de obligada lectura al salir del curro.

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