sábado, 31 de mayo de 2014

Witchfire con El Reino de la Sombra- Tercera sesión

Acaba de terminar la tercera partida de la Witchfire con el Reino de la Sombra que estoy dirigiendo, cada vez tengo más ganas de acabar La Noche más larga y ponerme ya con el segundo volumen de la dichosa campaña. De momento hemos hecho un cambio subiendo en un grado el daño de las armas.
Al tajo.


Nuestros ¿héroes? son un novato paladín de Morrow, un cazador morridiano, nuestro troloide guerrero pero que dice ser ladrón y la maga enana. Y sospechando que la sexi Alexia Ciannor puede estar detrás de los robos de cadáveres de miembros del Jurado del Juicio del Aquelarre de Corvis la han seguido hasta el cementerio septentrional de la ciudad. Pero el pantano tiene el día baldarra y una fea niebla recubre la zona, creando una atmósfera ominosa. Entre lápidas y tumbas, con olor a musgo y flores secas se encuentran con Helstorm, el jefe de la guardia. Un tipo elegante y bigotudo, que es importante pero que apenas habían tratado. Tras compartir unas palabras prosiguen la búsqueda de Alexia...

El rastro les lleva hasta un abandonado mausoleo de seguidores de Menoth, y recordemos que los menitas dejaron Cygnar tras una guerra de religión instalándose algunos en el alegre Protectorado de Menoth (¿que pasa cuando mezclas Afganistas con el Vaticano y colonos judios? pues ese Mordor). Las enormes puertas del lugar parecen pesadas y mientras dos de nuestros valerosos aventureros las abrían otros dos, el cazador y el troloide, se toparon con una lápida medioabierta.
Al acercarse algo hizo que la pesada losa se moviese...para cerrarse de nuevo.

Dentro hay tres sarcófagos menitas, siendo el mayor de ellos un acceso a las asquerosas alcantarillas de Corvis. Y nada, fue bajar, toparse con una verja de metal y ¡nananana! Un teniente esclavo con ganas de violencia. Pero poca, eh. Unos buenos sartenazos, unos cuantos golpes, algo de sangre y la cosa acaba antes de que nos diésemos cuenta. A este entrañable momento de acero le prosigue un sencillo obstáculo (poca cosa, una corriente de agua desembocaba en un torbellino de agua asquerosa) que pese a un susto, de la enana, pudieron sortear. Por cierto, la enana puso una alarma psíquica en la entrada.

¡Y por suerte! Porque dentro del agua descansaba un Thrull, una enorme y vil bestia mágica que hubiese supuesto un terrible adversario. Buena RD, tres ataques, experto en agarres y con la capacidad de absorber magia. Un encanto.

Bien, tras sortear el torbellino llegaron a una sala llena de símbolo mágico, la alarma empezó a turuletear, y coño, de pronto ya no podían moverse.Estaban paralizados, y frente a ellos estaba la hermosa Alexia. Le dijo que lo lamentaba pero que se debía lo que iba a hacer, que el Aquelarre debía reunirse de nuevo ¡para vengar el mal y la injusticia que se cometió sobre sus miembros! Venganza, justicia, el magistrado Borloch y Corvis debían pagar. Le acompañaba un esclavo...

Mientras 3 de los miembros de la compañía intentaban hablar y razonar con ella, nuestro querido paladín no tenía otra cosa que hacer que insultar no solo a la bella Alexia sino a su madre. Madre que solo podrá resucitar mediante la esencia almacenada en la espada Fuego de Brujas. El arma empleada para acabar con ellas.

Cansada ya del paladín y sus estupideces, Alexia deja a los personajes solos. Ella se pierde en la oscuridad.

Un par de horas después el conjuro desaparece. Y tras investigar el refugio de la muchacha descubren muchas cosas interesantes. El primer lugar que Alexia ha escrito muchas notas con su puño y letra donde dejaba claro que estaba investigando a los responsables del juicio (aunque sigue sin saber quien es el verdugo). También hablaba de una espada que se alimenta de esencia y que sería clave en el proceso de recuperación del Aquelarre llamada Fuego de Brujas. Finalmente estaba una carta inconclusa para Pandor Dumas.

Sigue la exploración, dungeoneo un poco soso con algunas sorpresas. Paso a enumerarlos.

Por un lado estaban los cuerpos desaparecidos del Jurado, unos esclavos apenas armados que pese a herir de gravedad al paladín y al troloide fueron despachados sin problemas. Hubo bastante competición por ver quien se cargaba a Brillosol.

Luego estaba el lugar de descanso de un hombre santo...un lugar de paz y contemplación hasta que el cazador y el trolo intentaron mangar lo que la tumba tuviese. Castigo divino y los cegados. Toca pedirle explicaciones a Pandor. De modo que tenemos a dos miembros del reparto ciegos.

Y aquí viene el combate más épico de la sesión. El troloide ciego sigue intentando mangar en la tumba ante los ojos del paladín, que en vez de hablar con él intenta dejarlo inconsciente. Pero claro, el troloide se ha puesto una reducción de daño absurda (que es ladrón, ojo) y la cosa se queda en nada. Asustado por quien le pueda estar atacando se abalanza con éxito sobre su "enemigo" y se inicia una guerra de presas que acaba con la victoria del troloide, que casi ahoga con éxito al paladín. Para descojono generalizado de todos menos de Morrow.

¿Algo más? Si, una planta casi se come en un abismo al trolo. Y aquí lo hemos dejado.

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