miércoles, 7 de mayo de 2014

La raclette, queso fundido y placer absoluto

El ángel de Patata bendice
esta entrada
deliciosa

En mi casa tenemos pocas tradiciones, pero hay una que seguimos con amor , algo que nos une y nos define y que encima está de cojones de rico. Estoy hablando de la raclette, un plato típico suizo que fue introducido en la familia por mi tío Philippe (a quien podéis ver aquí tocando el piano) en los años que mi padre vivía con él. Decir de Philippe que era un señor que se comía una fondue y luego la raclette.


Fue él quien a modo de regalo de bodas entregó a mis progenitores la máquina de raclettes que seguimos utilizando.




 Este aparato en concreto tiene casi 30 años y sigue funcionando como el primer día.


El caso es que es mi plato favorito, pronto veréis porque, y también de mi padre. No solo es delicioso meterse una buena sesión de raclette entre pecho y espalda, también es tremenda agradable el ambiente que se comparte en la mesa con el baile de queso, embutido, patatas y encurtidos. Las fotos de esta entrada corresponden al día de la madre de este año, y creo que es la primera vez en 12 meses que le damos uso. Lo cual es genial porque me he puesto a dieta y me da que me voy a quedar sin esta maravilla durante una BUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEENA temporada.


Vale ¿y? Bien, el caso es que esta prima de la fondue es una desconocida y me apetecía rendirle un homenaje. Es un plato ideal para el invierno y esos días de primavera que hace frío, o para montar una comida informal puesto que es muy sencillo. Cumplegiros, santos, etc...siempre es buena excusa para sacar la máquina de raclette.

De hecho ¡creo que en los próximos Rúnicos llevaré una raclette para una sesión con los amigos de ionarda! De esos que solo ves esos días...muajajajajjajajajajjaja. Te vas a joder Pizza Sprint.

¿En que consiste? Aparte de la máquina de raclettes solo necesitamos queso raclette en lonchas más o menos gruesas que fundiremos dentro del aparato, embutidos variados, patatas pequeñas y encurtidos. Cogemos las patatas, el embutido y cuando el queso esté fundido a nuestro gusto se lo echamos por encima ¡y a comer!

Más fácil no puede ser. A los niños les gusta mucho aunque se llenan enseguida y se pueden quemar, imaginaréis que el cacharro va a todo trapo. Es un plato la hostia de calórico, por eso lo reservamos para días especiales. También da mucha sed, de modo que tened a mano agua para refrescaros el gaznate.

Ah, luego echaros la siesta. Que una sesión de raclette llena y mucho.
A mi plin, lo que me gusta es
la corteza del queso

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