miércoles, 16 de abril de 2014

Las máscaras de Nyarlathotep, gatetes y horror variado (día 2 y 3 en El Cairo)

Ya hacía mucho que no escribía una crónica de mi campaña de las Máscaras, y es que desde que me quedé soltero pedí al grupo hacer un descanso porque no tenía ganas de seguir con ella durante un tiempo. Ese descanso se ha terminado y hace ya semanas que mis aguerridos, locos y singulares investigadores volvieron a calzarse las botas para intentar detener el abominable plan del Caos Reptante. En ese momento de la campaña el grupo lo conformaban nuestro veterano diletante neoyorquino y su erosionada cordura (que se había hecho cargo de Mahmud, un chiquillo de la calle que les hacía las veces de guía), Otero Predayo (poeta gallego e investigador de lo oculto, con la cordura por los suelos), un anticuario londinense que más o menos se mantiene y el abogado del grupo, que acababa de empezar un idilio con una chica a la que rescataron de los sectarios ingleses. Muchacha que en breves, en términos de campaña no de tiempo real porque entre la primera parte de la aventura y la segunda pasaron seis meses, pasará a ser un miembro más del grupo.

Los personajes encontraron una nueva pista que les condujo hasta Janwillem Vanheulen, un arqueólogo que ha caído en el feo vicio del alcohol que fue expulsado de la expedición Clive. Y que podría tener información de primera mano sobre la expedición en cuestión. Tras indagar en las embajadas consiguen averiguar que vive en una sastrería de uno de los barrios más pobres de El Cairo.
Janwillem Vanheulen es un detrito de persona, que vive encerrado en su habitación temeroso de que se le acabe la bebida y de los gatos que constantemente le visitan...Les proporcionará cierta información superficial, pero se callará cuando irrumpa un gatete que sobresaltará a nuestro fermentado holandés.
Estaría dispuesto a hablar más con los Investigadores pero para ello deben poner fin al acoso que sufre por parte de los gatos. Les hablará de que encontró unos pergaminos de la 13º dinastía en un viejo templo en la ciudad, un templo custodiado por una mujer...desde entonces los felinos no le dejan en paz. Afirma que la mujer le amenazó para que devolviese los manuscritos, y claro, es tan listo que de no ser por nuestros investigadores no hubiese atado los cabos.

Decidiendo seguir con las pesquisas al día siguiente nuestros héroes vuelven al Hotel. En este momento al pobre diletante estaba ya un poco paranoico por tanto gato, tanta mirada y tan poca cordura. Sin ganas de andar hasta el hotel, se suben en un carro él y Mahmud...aunque en un momento se encuentra con el que el niño tiene entre sus manos un gatito, que le mira directamente a los ojos. Empuja al crío fuera del carro y es aplastado, repetidamente, hasta la muerte. La cordura del neoyorquino se rompe y nada mas llegar al hotel se emborracha.
Pero al día siguiente, cuando se entera de lo que le ha pasado a Mahmud, la policía no investigará la muerte de un chiquillo de la calle, decide meter su recortada en la boca y apretar el gatillo.
Hola, hablemos de la fe de bastet
BANG.

Pasan seis meses en mi puta vida, solo uno en la partida...

Los investigadores con dos  menos, puesto que el jugador del diletante se ha ido a vivir a Madrid (¡Madrid, deja de capitalizar a mis amigos, hostia puta!) y Luis no está. De modo que Otero Pedrayo y el abogado deciden contratar a un nuevo guía, Amil. He de admitir que Amil es un pequeño homenaje a un jodido héroe, Aitzaz Hasan. Leer el enlace porque sobran las palabras.

Su guía les conduce por las calles de El Cario hasta el viejo templo, aunque él se niega a entrar puesto que es un buen musulmán y no quiere entrar ahí dentro. Total, que consiguen llegar hasta el santuario de ¡BASTET! Ahí conocen a Eris, una hermosa y sensual mujer que vive ahí...acompañada por los gatos que ocupan ,cuando quieren, los nichos del templo. Nuestro amigo Otero Pedrayo empieza a sentir algo (dentro de su corazón y de sus pantalones, no nos vayamos a engañar)  por la hermosa mujer y su felino culto. De hecho, se rinde ante la belleza de la diosa de los gatos, interesándose muchísimo por ella, por la diosa, eh. Sea como sea, Eris les pide que devuelvan los pergaminos sagrados. Otero dice que sí y tras engañar al holandés le llevan hasta el templo.
Donde la justicia de los gatos es ejecutada ante la mirada impasible de nuestros ¿héroes? Perdidas de Cordura, por favor.
Ah, y luego audiencia con Bastet, más perdidas por favor. Pero esta feliz.

Total, que en esta aventura los investigadores han sido capaces de leer los Ritos Negros de Luveh-Keralph...

Ah, momento gracioso, tras volver al Hotel los dos deciden emplear el mismo truco que emplearon con Gavigan para acabar con Omar Shakti. Tras buscar un sitio aislado y comprar un cordero sacrificial emplearon el espejo...y FALLARON. Shakti sonríe. Sonríe mucho.


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