viernes, 31 de enero de 2014

Seis horas de partida improvisada de La Llamada de Cthulhu



Acabo de terminar de dirigir una partida de La Llamada de Cthulhu que he ido improvisando de cabo a rabo en base a una idea muy sencilla, ha sido largo y bastante agotador pero me ha quedado asombrosamente bien. Yo al menos he terminado contento, con peros pero contento.

La aventura ha comenzado con una bizarra creación de personajes con un contrabandista cobarderl capaz de pilotar una avioneta cochambrosa y armado con una escopeta recortada, un  ex-agente de policía que le ayudaba a meter el "material", un ingeniero GENIAL pero con un Poder 7 (y una suerte/cordura que se pueden imaginar ustedes), un profesor de historia de Europa amante de las guerras y que cuando bebe perla (ve indios y eso), y el médico flojucho y cararrata. Todos ellos residentes en Arkham, algunos profesores de la Miskatonic y todos amigos de Paul Renoir, un diletante de Lousianna de buen corazón pero que se encuentra deprimido y triste desde la muerte de su mujer en un incendio, un hombre que les invita a ver la nueva película del cine. Cine que es el lugar donde vivió u originó algunos de sus más bellos momentos con su difunta Elizabeth.

La película empieza y empiezan las carcajadas. Es una divertida comedia que comparten con una pareja de casados...pero hacia la mitad todo toma un cariz siniestro. La risa de la mujer se convierte en un alarido de TERROR absoluto, su mandíbula se desencaja y sus ojos se abren de par en par, no aparta la mirada de la pantalla donde se sigue proyectando la película. El médico y el ex-madero se acercan a intentar ayudar, cuando al historiador le dá un leve ataque un minuto...y luego al ingeniero, pero este...este tiene los mismo síntomas que la otra mujer. QUE SIGUE GRITANDO.
Aparece el dueño , un Marsh, y molesta más que ayuda, hasta que le dice a Thimoti que apague el proyector. El responde...con voz cascada.
Hasta que el médico no les aplica morfina no paran, pegándoles la hepatitis por no desinfectar la jeringa. Se llevan a los dos que siguen gritando...pero nadie se acuerda de Paul, que mira con los ojos muy abiertos a la pantalla, asustado y devastado. Nadie se acuerda de él hasta pasado un rato...quedando con ellos para desayunar el próximo día, domingo, y desayunar en un café.
Ninguno duerme bien esa noche, algunos pasan parte de la noche despiertos, acosados por alucinaciones y miedos. Todos tienen la misma pesadilla. La de un enorme bosque cubierto de niebla, con árboles que no son ya de este tiempo ¡NI DE ESTE MUNDO! (algo muy lovecraftiano) Un bosque donde arde una enorme hoguera de llamas verdes, y entorno a la cual bailan extrañas figuras de retorcida forma, que de pronto se rinden ante un enorme árbol, cuya corteza se rompe para dar paso a un gigantesco ojo rojo.
Se despiertan.
Gritos.
Y una noche intranquila.

Tras la misa y una ducha por parte del ingeniero, que descubre que la mujer sigue gritando, quedan en el café donde se había citado con Paul. Que no aparece, no...eso es raro, era un hombre puntual. Deciden coger el coche para ir a verle en su apartada mansión, pero cuando llegan a la Calle Mayor se topan con un incidente delante del cine. Hay un loco desnudo con un barril de gasolina, un poco al que reconocen como Paul...al que solo pueden oír balbucear una palabras antes de dejar caer un mechero sobre su cuerpo embadurnado en combustible.
"Todo por mi culpa, está dentro de mí".
Muere, se levanta el cadáver. Un suicidio, nadie hará nada porque es el evidente suicidio de un depresivo.

Los investigadores deciden ir a la casa, a ver que sucedió a su amigo, un hombre triste pero cabal. La casa está muy abandonada, desde que murió Elizabeth nadie cuida los árboles ni las flores, lo salvaje se hace sitio. Unos columpios se oxidan, columpios que nunca empleó ningún niño pues el matrimonio nunca tuvo tiempo para ello. Es un lugar triste, con la puerta abierta y la bicicleta de su amigo descansa en la maleza. El hogar de los Renoir está muy dejada, con los cuadros de la pareja cubierta por sábanas blancas. Exploran.
Descubren que la pareja iba junta al cine desde un año antes de morir Elizabeth, hace ya dos años. Ambos eran unos pintores soberbios, aunque la técnica de ella era superior, una maestra. Todos los cuadros en los que salen juntos son obras de amor al otro. Un cuadro de ambos decora la biblioteca.
Uno entiende porque Renoir tuvo que taparlos, y porque no se deshizo de ellos.
Se topan con un libro sobre los inicios del cine, firmado por alguien...que resulta ser Thimoty o como coño se escriba.
¿Más? Ruidos extraños en la parte de arriba, restos a mediodevorar de un gorrion, la lampara del investigador se apaga, algo ha arañado el coche, sus zapatos...Se topan con unas pistas valiosas, el diario de Paul que escribía a todas horas como forma de digerir su dolor, idea del médico del grupo. En él leen que estaba muy deprimido pero que pensaba alegrarse con ellos, pero tras el incidente se hundió más puesto que nadie le ayudó ni se preocupó por él, que vio ALGO que no supo describir...y esa noche, la noche de la pesadilla su cordura se rompió.
Tenía que acabar su pesadilla, era su culpa y ahora lo sabía, engañado y utilizado ¡tocaba purificarse!
Los diarios anteriores hablan de sus primeros días de cine con Elizabeth, de su talento y de su perdida. O de como el operario de cámara le ayudaba, le explicaba como arreglar las películas y a colorearlas como hacían algunos franceses.

Salen. La puerta se cierra de golpe. Arañazos...cinco garras. NO ES UN GATO.

El contrabandista oye ruidos, puertas que se cierran y cuchicheos malignos. Los oyen todos, risitas viles y malvadas. Comentarios sobre El que Ardió.
Imaginaciones. Un trauma.

Siguen explorando, llegan por fin a la cocina y ven que hay una entrada al sótano, a lado de la pesada nevera de piedra. Bajan por la trampilla, que estaba dañada por la brutalidad con la que fue abierta hace unas horas, y en las profundidades cavernosas (es una cueva alterada) encuentran gasolina y carbón. De pronto oyen ruiditos, risas y algo pesado es colocado encima de la entrada, y la gasolina se derrama...de no ser por el médico que, aprovechando su pequeño tamaño, logró arrastrarse durante casi una hora hasta llegar al exterior, atravesando los restos de los alimentos de las alimañas de la casa. Huesos, de niño. Viejos. Al ex-poli le falta el mechero.
Tensión, innecesaria.
Sobrevive, mueve la nevera a duras penas y escapan. Él agarra la bicicleta, los otros un coche que no funciona. El resto se larga al oler a gasolina, salvo el madero que por alguna razón tiene ganas de fumar. Tira la colilla.
ADIÓS.

Vuelven, pierden cordura...el médico ayuda a sus compañeros, el contrabandista se hace con la bici y se escapa. Él bueno de doc incendia la casa, borrando de la faz de la Tierra el último testimonio del amor que dos buenas personas se profesaban, y un arte que podría haber extasiado a generaciones. Triste...y entonces enormes ratas salen de la casa, son 4 y una de ellas le mira con su rostro humanoide antes de perderse en el bosque.

Por fin llegan a Arkham...al cine, quieren ajustar cuentas con Timothy pero en el interior del cine solo hay ALARIDOS, un infierno de gritos. El señor Marsh aparece, se ha arrancado los párpados y se degüella hablando del OJO ROJO. Suben las escaleras, y revientan a Timothy...que resultaba ser una criatura vieja y asquerosa, una mujer, que al morir es devorada por miles de gusanos que aparecen de ninguna parte para luego devorarse a sí mismos. Extasiada como estaba de su éxito, la bruja llamada Margaret Weiss muere, aparentemente. Destruyen el proyector. Descubren que la bruja utilizaba a los Renoir, primero a Elizabeth (produciendole un acceso de locura que acabó y suicidio) y luego a Paul, que con la pesadilla ENTENDIÓ lo que hacía bajo su dominación, para crear horribles mensajes subliminales de locura, pero el mal ya está hecho en gran medida.
Han muerto 5 personas, y antes de morir Weiss devolvió a la Paramont un montón de películas alteradas.

Cosas que me hubiese dejado hacer pero que por tiempo no incluí. El sepulcro de Weiss, desde el cual controlaba al operador. Más perrerías con ratas y no entraron, cosa rara, en el cuarto de los niños.

Creo que pude crear tensión y eso me basta. Y todo ello improvisando casi a cada momento.

Agotador pero satisfactorio.



6 comentarios:

  1. Tiene una pinta epiquisima.
    Es más, conforme lo leía, en lo único que pensaba es "esto hay qhe dirigirlo. ..."

    Muy original la idea de meter el cine en una trama así.

    Mis felicitaciones, tuvo que disfrutar toda la mesa.

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  2. ¿Montas partida y no avisas? Eso es mezquino... :'(

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  3. Jaja que bueno! yo ahora también estoy dirigiendo una partida de Cthulhu y menudas risas nos echamos!! me encanta ese juego..
    Saludos!!

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  4. Una partida muy buena la verad, me lo pase guay el tiempo que estuve jugando, auqneu se te ha olvidado decir las pintas de boyscout que llevaba mi personaje, rinfle en ristre, durante la visita a la casa.

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