jueves, 14 de noviembre de 2013

Día 14 - El PJ más memorable que ha conocido un PJ mío

Partida de Rúnicos, hace ya la tira...
Otoño de 1929, una joven desaparece en los alrededores de la mansión Sheppard de L.A. Su padre, un rico empresario, decide contactar con 4 amigos para que la encuentren ante la ineptitud policial. Estos sujetos son un fotógrafo que cubrió los últimos dos años de la Gran Guerra, un cazarrecompensas irlandes (servidor de ustedes), un ex.profesor de la niña y el padre Capón, jesuita, vasco y carlista.
El padre Capón, de nombre Antonio José Atorrasagasti Azcona, lo llevaba un señor barbudo cuyo nombre no recuerdo. Y era la puta risa. Su personaje era un teólogo-químico reparte hostias, que para algo era Carlista, que interpretaba de forma magistral: las maneras, los diálogos, las expresiones. Un lujo de compañero de mesa.

El caso es que descubrimos que la niña había secuestrada por un antiguo socio de su padre, que era miembro del KKK, y tenía pensado sacrificarla para invocar a la momia esa reseca que da la inmortalidad a cambio de retorcerte la columna. Pero antes tendríamos que abrirnos paso entre sus esbirros del KKK, malditos enemigos de la Auténtica Fe que llegado un momento nos siguieron hasta las grutas donde iba a tener lugar el ritual. A estas alturas los otros dos personajes estaban ya fiambres, les dió la extremaunción claro, de modo que si la pifiabamos la niña iba a acabar muriendo por un exceso de hierro.
 El padre Capón se para, me dice que siga, que salve a la niña que él tiene que algo que hacer. Estabamos en un túnel muy estrecho, nos pisaban los talones como quince racistas encapirotaos y armados con machetes que iban a joder el rescate. Le dije que vale, que fuera con Dios y cerré la puerta tras de mí. En ese momento el jesuita sacó dos recortadas, unas granadas caseras (recordad, era químico) y un sable de la bolsa y empezó a matar.
Cuando salvé a la niña encontré al bueno del padre Capón, tirado en el suelo, rodeado de fiambre...y vivo. El muy hijo de puta había sobrevivido. Solomon Kane hubiese estado orgulloso de no ser un sucio hereje luterano.
Volamos el lugar y nos fuimos.
Treeeeeeeeeeeemendo.

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