sábado, 29 de junio de 2013

Talascaen: Ramatai

Y otra vez vuelvo a Talascaen. Está vez para hablaros de los elfos de Ramatai, aquellos pájaros basados en el japón feudalmás rancio y el Sur de Estados Unidos. Esclavistas xenofobos y decandentes, nada de nenazas besárboles. Para sus nombre escoger nombres japoneses, coreanos y tailandeses, elficarlos un poco y punto.



Las islas que componen el Brillante Imperio de Ramatai están situadas en el noreste de la región, aunque en un pasado los elfos controlaron casi todo Talascaen así como la costa de la jungla del sur (Amathzonía). Pero eso fue hace ya mil años, y desde entonces las guerras contra los humanos, enanos...y entre los propios elfos ha ido reduciendo el tamaño del una vez formidable Imperio Brillante a sus fronteras originales. Pero con ellos se llevaron a cientos de miles de humanos cuyos descendientes siguen siendo hoy en día el sostén esclavo de la sociedad Ramatai.
Además, la escasez de recursos minerales y bosques explotables han obligado a la Emperatriz a abrir las fronteras de los 2 principales puertos de sus dominios. En cierto modo, es casi como si el antiguo coloso hincase la pierda una última vez. El día que los emisarios dieron permiso a los mercaderes enanos para acceder a los puertos en el Senado de Rurikgorod organizó una buena fiesta.



Los elfos de Ramatai viven principalmente entorno a los antiguos castillos de los clanes, todo elfo está adscrito a uno de los 20 clanes existentes, o en las zonas residenciales de las escasas ciudades, bien lejos de las madrigueras de humanos, relacionadas con las instituciones del Brillante Imperio. Los más mayores que no tienen posiciones relevantes dentro del clan gobiernan las innumerables plantaciones y talleres de esclavos que son ya el principal sostén de la economía elfa. Además, aún sobreviven unas cuantas fortalezas del periodo de Guerra entre Hermanos que se encargan de vigilar a los elfos y los ataques de los isaken.
En todo caso siempre hay un pequeño altar familiar dedicado al culto de los ancestros y a la propia emperatriz.
Debido a sus largas vidas los elfos se aseguran que sus hogares, estén donde estén, sea de gran comodidad, elegancia y pragmatismo, lo cual junto a su preocupación por preservar los espacios naturales (debido al placer físico y estético que les proporcionan) da lugar a un estilo único en el mundo.
En cambio los humanos no son tan afortunados puesto que no son considerados seres vivos. Por tanto son hacinados en minúsculos espacios, bien lejos de las moradas de sus sensiblos dueños, controlados por una casta de esclavos especial llamados Akita (Sabuesos) que gozan de ciertos privilegios. Todos están marcados por su dueño y aquellos que son empleados en los puertos suelen estar envenenados, obteniendo  el antídoto solo si regresan a su madriguera al finalizar el día. Lo mismo se hace con los esclavos empleados para la guerra y en la marina.



Los elfos de Ramatai viven una sociedad encerrada en sus propias tradiciones y el orgullo del pasado, aunque hace ya siglos que el Imperio Brillante debió perder todo su orgullo. La lista de tabues, ritos y tradiciones (que son ley) que han de respetar son abrumadoras, pero para ellos es tan natural como respirar. Aunque los ritos religiosos son mantenidos por algunas elfas de cierta edad (los hombres suelen ocupar puestos en la administración del Imperio Brillante). Cada momento del día tiene su ritual, que varía según la semana y la estación que sea: desde procesiones hasta la Ramatthaya, la capital imperial, para rendir pleitesía a la Emperatriz y sus hijos, liberar golondrinas para honrar la muerte de algún héroe, o el ritual del té entre padres e hijos que abre el verano. Para los elfos de Ramatai el control de la población, una necesidad al principio debido a los problemas para sostener una población numerosa y extremadamente longeva, es otro de sus dogmas...un dogma que ha producido un alarmante descenso de la población al combinarse con las catastróficas guerras de los últimos siglos.
Pese a todo, la idea de tener más de dos hijos sigue siendo tabú para la mayoría de los Ramatai.
Aunque los elfos cada vez son menos numerosos los duelos suelen ser habituales, especialmente desde que la actual Emperatriz prohibiese bajo pena de exilio las guerras por afrenta que tan rápidamente degeneraron la última vez en la Guerra entre Hermanos. Suelen librarse con las armas y armaduras tradicionales, como el middhab y una armadura similar a la  tōsei gusoku japonesa.



Los elfos de Ramatai son una de las razas más versadas en magia de toda Talascaen, aunque todos los magos son miembros de la familia Imperial y aquellos que nacen fuera de este sagrado linaje son obligados a casarse con un miembro menor de la rama de la Emperatriz. Los que se niegan, generalmente por amor, suelen ser ejecutados si no consiguen escapar a tiempo del Brillante Imperio, acabando como Ronin en tierras salvajes. Exiliados. Un destino peor que la muerte, dicen.
Los más jóvenes están muy interesados en una nueva arma aún en experimentación llamada ballesta (si, así de atrasados están), pero que está esperando la sanción de la Emperatriz para no ser tabú y prohibida por ir contra la tradición.



A lo largo de su vida los elfos suelen ocupar distintos puestos en su sociedad, en su juventud se encargan del servicio doméstico de la casa (aunque esto está en desuso) o la guerra (que hoy en día significa dirigir incursiones para capturar esclavos), cuando llegan a su tercer siglo de edad pasarán al servicio de su clan como funcionarios, artesanos, mercaderes y emisarios (además, en este momento es cuando pueden casarse). Pasados ya varios siglos suelen pasar finalmente a ocupar labores como capitanes de barco, maestros artesanos , puestos de servicio en la Corte Imperial o de responsabilidad en el Clan, aunque algunos optan por la vida sacerdotal o la crianza de esclavos.
Los matrimonios entre Clanes son la norma, y según lo que se firme será él o ella quien vaya a vivir con el clan de su cónyuge. Las ceremonias matrimoniales son bastante largas, llenas de ritos y combates rituales, durando habitualmente dos semanas. El divorcio existe entre clanes, pero suele ser precedido por un duelo a primera sangre.
La Emperatriz tiene además la asesoría de varios antiguos jefes de clan que le sirven como maestros de espías, maestros de guerra, maestros de verdad (profesores) y maestros de paz (embajadores).



Por su parte los esclavos viven sus cortas vidas bajo el yugo brutal de sus dueños. Los que malviven en el campo suelen levantarse al alba a latigazos, trabajar hasta que se vuelve oscuro y recibir la noche con el estomago mediolleno. Sus amos apenas de preocupan por ellos, solo por lo que producen, lo cual da pié a que tengan sus propios talleres y un gran espíritu de comunidad que se traduce en solidaridad con los supervivientes a los castigos, o más habitualmente sus compañeros e hijos.
Unos pocos, los más jóvenes y algunas hembras particularmente poco "toscas" son elegidos para realizar las labores domésticas en el hogar de sus amos; a estos se les permite dormir en unas madrigueras algo más dignas pero bien alejadas de la vista de los elfos. También se les administra veneno, para garantizar su lealtad. Es tradición que en su primer día los jóvenes esclavos vean durante horas como se retuerce un esclavo al que se le niega el antídoto.
En la ciudad las cosas son parecidas. Trabajan desde el alba en los talleres, puertos o puestos de "cuidado ciudadano", pasando varios días al mes siendo entrenados por algunos akita en el uso de la lanza y el escudo (aunque solo con piezas desarmadas), y comiendo lo que sus amos les proporcionan, siempre comida envenenada. La vida de estos esclavos es miserable, no hay ninguna solidaridad entre ellos y la vida es un absoluto sálvese quien pueda. El mercado negro, totalmente prohibido, es la norma...y los pobres desgraciados que son capturados en el continente y acaban en las ciudades suelen sufrir brutales abusos por sus nuevos "compañeros". Los Ramatai son conscientes de eso, y les agrada pues reafirma sus ideas respecto a las "cosas que hablan".



Los Juncos, antaño pilares del poderío imperial, siguen siendo navíos impresionantes pero se han quedado atrasados respecto a las naves del resto del continente (similares a las empleadas en Europa en el siglo XVI). Incapaces de abandonar sus leales barcos y también de recuperar a buen ritmo las que pierden los elfos están viendo como su flota se reduce de tamaño año tras año, aunque esperan volver a remontar el vuelo gracias a la madera que lleva del Imperio de Jomo y el hierro de los enanos. Entonces desembarcarán sobre los Isaken, arrasarán a esos bárbaras y recuperarán a todos los ramatai capturados por ellos.
Al menos eso es lo que el actual maestro de guerra le dice a la emperatriz. Aún está por ver como funcionará un ejército de esclavos apenas entrenados contra los brutales isaken, aunque está claro que los jóvenes guerreros elfos están a la altura son tan pocos...

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