miércoles, 26 de junio de 2013

Proyecto Hexcrawl: mi zona

Pues nada señores, el hexcrawl marcha sobre ruedas así que es hora de comentaros lo que tengo pensado para mi zona, la 7 (mi número de la suerte). Primero veamos la zona dichosa.


Como veis tiene dos zonas bien diferenciadas. Un sur no muy grandes y partido en dos por una especie de golfo, con unas pocas zonas civilizadas y algo de bosque. Las dos zonitas no estarán habitadas y serán lugares donde mejor no asomar la nariz. En las áreas civilizadas es donde unos pocos colonos particularmente tozudos se han instalado para aprovechar esas fértiles tierras, así como intentar arrancar algo de valor de las entrañas de esas montañas tan puñeteras.

Más allá de dichas montañas, al norte de las cuales se agolpan unos extraños hielos, se extiende el norte, salvaje y despiadado, incivilizado pero poblado. Al pié de una solitaria montaña y aprovechando una zona relativamente seca que hay junto a los insanos pantanos viven unos cuantos "lacustres", unos individuos no muy sanos y quizás no del todo humanos que malviven en un lugar tan inhospito. El gran bosque del este les proporciona leña y carne, pero poco más.  Más allá de los pantanos helados está el Valle de la sangre Fría, profundo y misterioso...peligroso como él solo.
Al oeste encontramos una importante extensión boscosa, que habrá que atravesar para llegar a otro pantano y a las malas tierras que anteceden a LA MONTAÑA.

Vale ¿y que voy a poner en este mapita? De momento se me han ocurrido las siguientes localizaciones.



El Villar de Cien Fuegos: una pintoresca población de frontera situada en medio de la zona civilizada del Oeste, entre bosque y montaña. Es el corazón de la civilización en la zona, y eso no es decir gran cosa. Sus frías calles de casas de madera están pobladas por gente dura como un espetec de 100 años, todo el mundo lleva un hacha o una daga de gran tamaño en la mano y no se andan con tonterías con los forasteros que vienen a SU ciudad. Además, son muy independientes y solo los más amables se reirán cuando algún emisario les diga que son siervos de tal señor. Los menos, la mayoría, le darán una paliza, lo mandarán ante el alcalde y pillarán primera fila cuando lo lleven ante el verdugo.

Con todo, algunos de los más adinerados de el Villar de Cien Fuegos quieren a una "autoridad superior" metida en los asuntos del lugar, ya que eso les garantizaría un mejor flujo a sus mercancías (principalmente hierro y plata de las montañas, sino algo más exótico).



Las ruinas del Castillo Nuevo: hace no muchos años un señor del sur decidió que era buena idea extenderse hacia ese salvaje y asilvestrado norte. Por ello desembarcó en las colinas del sureste y en tiempo record hizo construir con la piedra de las cercanas montañas un castillo al que se llamó Castillo Nuevo; a ese lugar trasladó su corte para supervisar personalmente la conquista. Duró menos de dos inviernos, pues los Hombres Cangrejo que habitan el pantano del norte bajaron por el golfo y emergieron de las aguas en gran numero, trayendo consigo a uno de sus últimos leviatanes. Los soldados vendieron caras sus vidas pero Castillo Nuevo acabó hecho trizas. Los Cangrejos lanzaron los cuerpos de los muertos a su gigantesco monstruo pero este los vomitó...un mal presagio.



Pues había algo que nadie esperaba, y es que los canteros explotaron una piedra que miles de años atrás había tenido relieves de poder, relieves que incluso ya largamente eroisionados conservaban su poder. Los soldados del castillo se elevaron al poco como no-muertos, movidos por una energía descontrolada. Y la fortuna del señor ahí está, muerta de asco...
Los hombres cangrejo siguen morando en las cercanías del castillo, sobretodo en las ruinas del embarcadero.



Rocavieja: construida en la orilla del golfo, entre la montaña, el bosque y el mil veces maldito pantano alguien fundó hace mucho un pestilente agujero que hoy se llama Rocavieja. Una ¿ciudad? ruinosa que se hunde y en cuyo centro se lanza una torre de aspecto extraño. Los habitantes de Rocavieja son varios cientos de miserables que sobreviven de lo que consiguen arañar al mar, el bosque y las montañas, además de lo poco que consiguen asaltando a los Hombres Cangrejo. Hombres y mujeres que ocultan a sus niños y que incluso cuando no hay visitantes prefieren ir tapados de arriba a abajo con gruesas telas...pues ni ellos soportan la visión que ofrecen.
Si la gente del Villar de Cien Fuegos es dura y a veces despiadada pero en el fondo de fiar, los de Rocavieja (de donde eran sus familias, al menos parte de ella...) son mezquinos y ladinos, mentirosos y crueles. Y no del todo humanos. Algo había en la zona antes de la fundación de la ciudad, los hombres cangrejo lo sabían, lo mismo que sus antiguos leviatanes. Algo que vino de muy lejos y que desea SER. Los hombres de Rocavieja lo descubrieron cuando se derrumbó una sección de la torre, palpitante y vivo...les quería a ellos, y no se pudieron resistir. Y ha sido así desde siempre. El Ser de la Torre está en su mente, no con fuerza pero está...y les dice que toda la carne que hay en la ciudad es suya, que todos han de ser los padres y las madres de sus retoños. Retoños que se retuercen en el ADN de los aldeas, volviéndolos locos y deformes.



El Valle de la Sangre Fría: una vez todo el mundo estuvo cubierto por los Hielos y el pueblo cristalino prosperó. Construyeron grandes ciudades con la nieve infinita, forjaron martillos que golpeaban con la fuerza de diez avalanchas. Pero entonces perdieron el control de la Montaña, llegó el Calor y el pueblo cristalino sufrió, miles murieron y se fundieron junto a sus obras, otros se retiraron a los extremos del mundo junto a las lenguas de los últimos hielos. Pero uno de sus archimagos se negó a abandonar su hogar y el de sus siervos, convocó toda su magia y conservó los hielos de sus Dominios, los grandes glaciares que aún sobreviven...pero que antaño fueron más numerosos.



El mundo siguió cambiando y las Eras pasaron, los dominios de los descendientes del archimago se fueron perdiendo o quedando aislados. Y el calor, incluso en medio del invierno, era tal para los debilitados cristalinos que no pudieron hacer nada salvo esperar a su fin en sus menguantes hogares. Y así el último archimago perdió el contacto con su hija, la última niña de su gente, y su corazón se volvió ardió de puro odio, recluyéndose en lo más profundo de su última fortaleza y lanzar mil conjuros para volver a cubrir de letal frío sus viejos dominios. Matando a todos los seres calientes y recuperando a su niña.
O eso le dice la Corona, la Corona de su ilustre antepasado que les encerró en su refugio.

La cosa queda, de momento así.


4 comentarios:

  1. Me gusta, sobre todo los hombres cangrejo. Además, curiosamente ambos hemos planteado la presentación de nuestras zonas en el blog de un modo similar.

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  2. El espetec de 100 años... podrán las amazonas con el? xD

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    1. jaja, puede que nunca se enfrenten con él según la historia que tengo pensada desarrollar en ese dungeon.

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  3. Crom, habrás visto que he cambiado el mapa general, pero he hecho un par de cambios. El principal, que no he puesto tantos cangrejos ;), porque creo que con un es suficiente para representar la guarida de los bichos. Eso no quita que puedan estar por todas las marismas.

    En el pueblo he quitado la torre, pero eso no quitar que pueda tener una fortaleza.

    Y las dos minas las he unido a otra y he creado un reino de enanos. Nunca hay suficientes reinos de enanos.

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