domingo, 10 de febrero de 2013

El Reino de la Sombra Siguiendo las frías pisadas de los ogros (Primera Parte)


Ando escribiendo un pdf con material propio para El Reino de la Sombra, dedicado a los Ogros que ya escribí hace un tiempo, pero adaptándolos mejor a la ambientación. Estoy copiando el esquema de los suplementos de raza salidos hasta el momento, e iré publicando lo que vaya escribiendo como forma de forzarme a acabar el pdf en cuestión. De momento una breve, pero espero interesante, a los ogros de Valsorth: los Grombulblork .

El Reino de la Sombra
Siguiendo las frías pisadas de los ogros





Vaya, un explorador ha ido más allá de Valsorth, al helado y gélido sur en una búsqueda alocada de oro y fortuna ¿o quizás huyendo? Da igual, en esta región de fuego y hielo te has encontrado con los ogros, tal vez oyeses hablar de ellos en el norte. Créeme, nada de lo que hayas oído les hace justicia, para bien o para mal. No te centres solo en su inmenso tamaño y salvajismo, son un pueblo que ha conseguido prosperar en un entorno brutal, cazando y luchando no solo contra otros pueblos sino con las enormes bestias que merodean en las montañas. Y no te despistes bajo la sombra de la montaña Grombul, para un ogro algo más pequeño que él es comida.

Introducción
Los ogros , Grombulblork en su idioma, viven al sur de Valsorth y apenas son conocidos en el norte, la mayoría apenas piensan siquiera una vez en dejar su hogar construido con toscas piedras y dirigirse a otras tierras más exóticas, y pocos viajeros llegan a las montañas que rodean Grombul, es un viaje peligroso y hacia lo desconocido. Pero siempre hay un joven ogro que observa desde lo alto de algún pico los bosques élficos o el gran lago Darnes, entonces, de manera lenta (los ogros no son precisamente una raza de genios) ese muchacho de casi trescientos kilos comienza a sopesar los pro's y los contra's de un hipotético, aunque desconozca esa palabra, viaje al norte. Por un lado está harto de sus mayores, cansado de que otros más grandes y poderosos que él le mangoneen, cansado de ser pequeño y dicen que la gente de más allá es diminuta. Los ogros que vuelven de ese viaje siempre lo hacen cargados de grandes historias, cicatrices y acero. Si, es una buena idea.
Pero claro ¿que dirán los ancianos? Que es un loco peligroso que no respeta la forma correcta de hacer las cosas, y que merece un puñetazo o dos en toda la cara. Sin olvidarnos de madre ¡solo él entre sus 5 hermanos es capaz de dirigir el rebaño de runks sin perder a la mitad de ellas! Seguro que le muerde las orejas solo por comentar la idea durante la comida, y luego las meterá en la gran olla del centro de la sala. No, es una mala idea.
Si consigue superar sus inseguridades viajará a una tierra lejana, menos salvaje e igualmente peligrosa. No conocerá el idioma, ni las costumbres ni las leyes. Pero si sobrevive aprenderá, y quizás pueda prosperar lo suficiente para que le entre morriña y decida volver a casa.
Quizás entonces quieras seguir las frías pisadas de un ogro.



Historias pintadas con polvo y sangre
Los ogros no tienen tradición escrita ni cuentan el tiempo como los elfos o los humanos, todo lo que saben de su lejano pasado es aquello que se ha preservado en forma de historias o fue pintado por algún antepasado en las paredes de las viejas cuevas, hoy deshabitadas pero aún veneradas. Con todo tienen vidas largas, al menos unos pocos afortunados, y tienen buena memoria de modo que muchos hechos son recordados con bastante exactitud siendo más historia oral que mitos y cuentos.

Hace mucho
Los ogros siempre cerca de Grombul, desde que el primer copo de nieve fue manchado por el agua sucia y la tierra, temerosos del tamaño de la gran montaña. Pero en aquel tiempo los ogros no eran la raza más grande, fuerte y poderosa que dominaba la Grombulmorg (su tierra) pues otro pueblo ,que solo ha dejado piedras que se desmoronan como testimonio físico de su existencia, aterrorizaba a los pequeños ogros, que solo podían refugiarse en los intestinos de Grombul. En aquel tiempo tan lejano los grombulblork desarrollaron un odio visceral hacia aquel pueblo y su propia debilidad, que los convertía en presa fácil.
Muchas veces se posó el ojo de Ograrragtar encima de Grombul, pero los ogros aún no sabían nada de eso pues temían al cielo, mientras se ocultaban en las profundidades. El viento y los árboles se convirtieron en un recuerdo parietal apenas comprensible, el hambre atenazaba los cuerpos de los ogros que pronto se volvieron los unos contra los otros. Piedra contra diente, diente contra hueso, hueso contra piedra, los grombulblork libraron una interminable guerra contra el hambre que los conducía a la extinción, “como hicimos con aquellos bichos peludos y cuellilargos tan ricos ¿os acordáis” apostillan siempre los viejos ogros al contar esta historia, aunque nadie sepa de que están hablando.
Entonces uno de ellos nació, tan pequeño y famélico como sus congéneres, sin nada especial. Un ogro cualquiera, desnutrido como su madre y miserable como su padre. No se le dio un nombre pues fue ofrecido como ofrenda a un grupo mayor y más poderoso por sus padres “para hacer salchichas” o “estofado de niño”, aquí las historias discrepan y vuelan los puños. El caso es que los ogros se llevaron su premio, junto a otros 3 niños ogros, a su clan...pero entonces Grombul tuvo un problema intestinal y un corrimiento de rocas los aplastó. A todos, menos a un niño sin nombre que lloró en la oscuridad hasta que fue encontrado por un viejo vagabundo lleno de cicatrices.
Contra todo pronóstico y sin hacer caso a lo que le decía su estomago lo adoptó. Blekcgrador nació ese día.



Prosperidad
El viejo le enseñó todo lo que sabía a Blekcgrador sobre el mundo, no solo del interior de la gran montaña sino de lo que había más arriba, de los Odiados. El joven ogro aprendió rápido y con los cuidados de su tutor empezó a crecer. El anciano conocía muchas cosas, entre ellas que había criaturas que uno podía cazar para comer, cosas que vivían en lugares recónditos bajo el suelo que los ogros no conocían aún. Bestias como torotopos, gusanos ácidos (“Hay que dejarlos fermentar”)
o el peligroso tigreciego se convirtieron en el alimento del joven y le hicieron crecer.
Se mantuvo aparte del conflicto que atenazaba a su propia raza y vagó, primero acompañado por el viejo y luego solo (se lo zampó un cangrejo rocoso particularmente grande). Y siempre tuvo bien presente a los Odiados, el pueblo de la superficie, en sus pensamientos. Cada vez que había un temblor de tierra que casi lo aplastaba debían ser ellos caminando o saltando como idiotas ¿Un río subterráneo contaminado le producía una cistitis? “¡Esos desgraciados habrían echado sus asquerosos meados en el agua! “.
Blekcgrador recorrió el ensangrentado refugio de los ogros, tras ver más matanzas de las que era capaz de soportar cogió sus cosas y se fue al único lugar donde no tendría que soportar aquel horror: la superficie.
Nadie sabe que hizo ahí, ni cuanto tiempo pasó. Las pintadas en las paredes hablan a los ogros de que hubo enormes temblores y que la sangre ardiente de Grombul llenó sus entrañas abrasando a cientos de ogros. Y tan pronto como empezó se acabó. Los supervivientes estaban aturdidos y asustados, la mayoría había decidido seguir las viejas sendas, que llevaban a un sistema de cavernas peligrosamente cercano a la superficie. En una de ellas estaba esperando Bleckgrador, que portaba un par de enormes cuernos chapados en plata, rotos y quemados pero no por ello menos impresionantes; sonreía mostrando sus afilados dientes, tras él parte de la cueva se había derrumbado dejando ver un cielo gris y un viento que traía frío. Y las grandes obras de los Odiados desmorándose.



Las historias cuentan que Bleckgrador hizo sonar aquellos cuernos gemelos para traer un cataclismo a los enemigos de su pueblo, que les hizo sufrir todo el hambre y el dolor que habían provocado a los grombulblork volviéndolos locos. Tanto que arrasaron con sus propias obras, dejando la tierra libre para los ogros. Cientos de ogros aclamaron a Bleckgrador como su jefe, su Terg, y le siguieron en la búsqueda de un hogar. Y eso hizo, empleando las enormes piedras que los Odiados había dejado atrás construyó la primera ciudad de los ogros, al pie del único camino que lleva a la cima del Grombul. Una ciudad de piedra, cuero, hueso y madera.
No le puso nombre, pero estaba claro que Bleckgrador había aprendido mucho más en la superficie de lo que nadie pudo imaginarse. Capturó docenas de rebaños de enormes runks domésticos que habían huido de la muerte de sus amos, inventó los primeros glifos que los ogros emplean,  organizó de forma bastante racional el espacio de la nueva ciudad , quizás copiando las de los extintos Odiados, y construyó en el abrigo de la montaña una sala en la que colocó los cuernos de tal forma que servían de armazón para un trono de jefe.

El ojo de Ograrragtar



Cuando empezaba la primera temporada del frío letal de las montañas desde su retorno a la superficie una serie de sucesos extraños tuvieron lugar en los cielos sobre el monte Grombul. Cometas de tres colas, estrellas que brillaban extrañas y hondas de colores rompían la noche. Entonces Bleckgrador, ya viejo, ascendió junto a sus seguidores de más confianza a lo alto de la gran montaña. Desde ahí pudo contemplar por primera vez la extensión de su mundo, de los montes y ríos de fuego que funden los hielos al sur, de los lagos que coronan las montañas del este, del gran bosque que penetra en las colinas de piedra negra del norte y en el oeste cuyas cumbres rasgan el cielo intentando imitar al mismísimo Grombul. Vio las comunidades que empezaban a nacer, fuegos en la noche. Y entonces el ojo se abrió, una estrella azul, enorme y brillante que lleno de congoja el corazón de los ogros, entonces volvieron los viejos instintos, lucharon entre ellos llevados por el miedo. Luchar o morir.

Bleckgrador se impuso, y entendió. La estrella había venido para juzgar a quienes eran dignos de dirigir a los clanes, y él era el vencedor. Así se lo dijo a los suyos, que asintieron cabizbajos todos pero uno, Trog el Blanco, que descendió ladera abajo aullando maldiciones y palabras de odio hacia la estrella, perdiéndose durante muchos años en los intestinos de Grombul.
El caudillo de los ogros también entendió que para sobrevivir necesitaban reglas que rigiesen el rito y como él era el vencedor suyo era el derecho de hacerlo: solo los jefes de los clanes y sus segundos podían combatir bajo la mirada de Ograrragtar (El Ojo del Juicio) y solo el jefe de la ciudad sin nombre podía elegir combatir en la cima. Los jefes debían ser machos y ascender mediante un sistema de pruebas rituales que en cualquier momento podían realizar, proclamando su intención ante el resto del clan. Por última, la lucha debía ser uno contra uno y realizarse con las manos desnudas.
Todos asintieron, y entonces bajaron a la ciudad a comer un banquete de runk.
Cada año tiene lugar la noche de Ograrragtar, siempre precedida por fenómenos extraños en la noche. Bleckgrador sobrevivió a 20 ordalías más antes de morir bajo los puños de Runkur, su hijo.


Noches de hambre
Los ogros contruyeron otras ciudades imitando la fundada por Bleckgrador y copiaron el rito de la noche de Ograrragtar, añadiendo sus propias costumbres: el clan Diente Afilado obliga que los luchadores vayan armados con un enorme diente de gatosangriento cazado por ellos mismos, por otro lado los Bebedores de Fuego hacen luchar a los suyos en una isleta rodeada por lava. Algunos clanes del norte boscoso solo permiten a las hembras participar.
Sea como sea la raza se expandió durante muchos ritos de jefatura por el arisco y brutal sur. Se formaron nuevos clanes y los ogros prosperaron, pese a que el brutal entorno y la brutalidad propia de los ogros que impidieron una explosión demográfica, las riñas del pasado ya no les conducían a la extinción pero las explosiones de violencia ,dentro de los clanes y hacia el exterior, no eran por ello menores.
 Hubo varios intentos de expansión hacia el norte, pero fueron repelidos con violencia por los elfos que por su apariencia y comportamiento los relacionaron con los orcos; el bosque se convirtió en un lugar aterrador para los grombulblork, un espíritu asesino al que contentar con ofrendas (ofrendas que atrajeron a multitud de bestias inmundas al reino de los elfos). Con todo, grupos pequeños establecieron contactos limitados con algunos elfos, que intentaron “civilizarlos” a cambio de las pieles que estos traían del sur.
En algún momento de la jefatura de Burgo el Machacador un grupo de ogros regresó de más allá del bosque con el conocimiento del hierro y la minería. Decidieron adentrarse bajo tierra, volviendo al que fue el mundo de sus ancestros para establecer una precaria colonia minera. Tras varias jornadas trabajando desaparecieron, el mismo Burgo fue a investigar lo sucedido junto a 20 ogros bien armados con mazos de piedra...en una sala llena de sangre y miedo fueron asaltados por unas criaturas blancas, grandes y brutales, con enormes mandíbulas de las cuales surgía el nombre del traidor Trog pronunciado de manera demencial. Burgo y cuatro de los suyos fueron los únicos supervivientes, llevando consigo la cabeza de una de aquellas cosas.



Salieron de la ciudad numerosos mensajeros para avisar a los clanes de lo que había sucedido, pero para entonces ya habían atacado a 5 clanes, dos ellos fueron barridos del mapa. Los hijos de Trog volvieron a la superficie y atacando protegidos por la noche buscaban saciar su hambre, por primera vez los ogros fueron a la guerra. Y fue brutal, los ogros eran duros pero no estaban preparados para un conflicto a esa escala, los Blancos cazaban a los rebaños de runks sin que los grombulblork pudiesen hacer nada para evitarlo...al menos hasta que se decidieron a bajar bajo tierra, buscando las madrigueras de los Blancos. Tras 5 combates por la jefatura, que Burgo ganó sin problemas, los ataques cesaron. La estrategia del jefe ogro funcionó a la perfección.
Matar a sus crías y hembras había funcionado. Los ogros aprendieron a ser despiadados.

Mensajeros del Norte
Pasaron muchos jefes hasta que desde el norte llegó un mensajero envuelto en sombras. Los cuentos dicen que se reunió con el jefe de la ciudad, un ogro particularmente enorme descendiente de Burgo que había tomado su nombre, y le ofreció plata, magia y hierro a cambio de que le proporcionase quinientos guerreros para una guerra en el Norte. Burgo se rió, le dijo que podía coger aquello que ofrecía sin proporcionarle nada a cambio, solo tenía que aplastarle como si fuese una nuez. Entonces el mensajero se le acercó sonriente para decirle algo al oído, tras lo cual Burgo perdió la sonrisa.
Mil ogros partieron tras el rito de jefatura rumbo al norte.
Tres combates en la cima después el mensajero volvió, quería 2000 ogros, de ambos sexos. Viis los necesitaba para sus experimentos, los ogros habían resultado ser una fuerza poderosa para el Rey Dios pero era engorroso traerlos desde el Sur de modo que ¿por qué no estudiarlos para ver como replicar las características más deseables de aquellas bestias? Burgo se negó, el envío de los primeros mil guerreros le había granjeado el desprecio de la mayoría de los clanes, especialmente los beligerantes ogros del sur, y no quería arriesgarse a convertir el desprecio en odio, violencia. El mensajero le hizo dejar el trono de los cuernos para enseñarle en el cielo azul a tres enormes dragones negros. Debía obedecer o los suyos serían arrasados.

La tiranía de Burgo
Burgo aceptó el “trato” que le ofrecía el mensajero a cambio de que le proporcionase uno de esos dragones para forzar a los suyos a obedecer. Con el poder de la bestia llevó el miedo al corazón de los clanes, aniquiló a los Camina Brasas (el clan más grande del Sur) como advertencia a los demás de lo que era capaz. Armó a los jóvenes de la ciudad y sus poblados cercanos con armas del Norte para lanzarlos a la caza de víctimas que llevar al amo del mensajero, los 2000 ogros pronto fueron enviados encadenados al Norte. Las tropas de Burgo ocupaban las principales aldeas, la piedra y el hueso no podían contra el hierro encantado. No solo conseguían ogros que encadenar, empezaron a recaudar carne y cuero para enviar a Burgo, que empezaba a imitar algunas de las formas del mensajero. Había formado una brutal corte y coqueteaba con la magia oscura dentro de las limitadas capacidades de su mente. En el siguiente Rito de Ograrragtar la empleó para esclavizar a sus contrincantes, que aspiraban a darle muerte.



El Norte era insaciable y quería más. El mensajero exigió 3000 ogros más para antes del siguiente Rito, a cambio le ofrecía 3 dragones que obedecerían sus ordenes. Burgo aceptó pero pidió instrucción en la magia oscura del mensajero, este aceptó.
Pero nunca pudo empezar las lecciones, por todo el territorio los ogros se alzaron contra el jefe, el Violaritos como le llamaron, y pronto la guerra llegó al Sur. Además, la guerra no iba bien en el norte y los dragones se marcharon llamados por el Rey Dios. En poco tiempo los propios soldados de Burgo se volvieron contra él, le cortaron las manos y la lengua, luego fue lanzado a las profundidades. Que los Blancos diesen buena cuenta de él.
En el siguiente combate ritual salió elegido Wur, quien había cortado la mano derecha del anterior jefe.

Cambios
Los ogros enviados al Norte no regresaron nunca, pero la semilla de la curiosidad estaba plantada en el pueblo ogro ¿que había más allá? El mensajero y los suyos eran ricos, portaban maravillas y ofrecían con desmedida generosidad lo que los ogros solo podían obtener con dificultad: el hierro estaba donde aún moraban los Blancos y monstruos bien peores, la plata que poseían era obra de los ya largo tiempo muertos Odiados. Y la magia era un misterio, oscuro pero útil, la vida no es fácil en el Sur.
Desde el primer encuentro en la ciudad numerosos ogros partieron hacia el Norte y tras la guerra muchos seres pequeños viajan al Sur para comerciar. Solo llegan unos pocos vivos, pero los suficientes para avivar ese interés. Les atraen los ogros como soldados o trabajadores, así como las exóticas pieles de las bestias que cazan y los secretos que los Odiados dejaron tras de si. Los grombulblork tienen interés en su hierro y civilización...como forma de prosperar en su propia sociedad, aunque saben de ogros que viven entre los humanos mejor que los jefes de clan gracias a la violencia que son capaces de ejercer y que ofrecen bien cara a los humanos.
Pero de momento los ogros siguen haciendo lo que han hecho siempre: romper piedras, cazar, luchar entre ellos por cualquier riña y pastorear runks. Separados en clanes enfrentados pese a los intentos del actual jefe de la ciudad de unirlos.

4 comentarios:

  1. Ufff, impresionante. Me lo leo con calma y te comento. Muchas gracias por esta aportación.

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    1. Comenta lo que quieras cuando quieras. En breves, mañana, habrá más.

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  2. Un buen primer capítulo, me ha gustado mucho mucho.
    Procedo a leer los siguientes pero pinta muy bien la cosa

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