jueves, 2 de agosto de 2012

Cielos Extraños ¿1?

No sé muy bien que es esto, la verdad. He empezado a escribirlo y me lo estoy pasando tan bien con ello que no lo puedo dejar; un exceso de ciencia ficción, creo.
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MOSCU 1969

Valentina Tereshkova se encontró al director Gagarin observando el nuevo y extraño cielo estrellado, con sus luces moradas y rojas y verdes y espirales imposibles, sentado encima de la tumba de uno de los 48 zares ahí enterrados, fumando uno de esos cigarrillos indios e ignorando la nieve que caía con fuerza sobre ellos. El comandante solo tenía 35 años pero parecía mayor, bastante más mayor; solo le sacaba 3 años y le recordaba a su padre.
-Pase camarada Tereshkova, siéntese si quiere-dijo con una voz que delataba su auténtica edad-tenemos cosas que hablar, cosas muy importantes.
-¿Y este es el lugar más indicado, camarada director?-había algo morboso en reunirse en un cementerio-creo que las oficinas moscovitas del C.S.E son acogedoras, y desde luego más cálidas. Recuerdo que la sala Laika además de bonitas vistas dispone de una cafetera excelente, camarada director.
Gagarin le sorprendió con una estruendosa carcajada que acabó en tos. Luego negó con la cabeza.
-Ahí dentro me ponen nervioso cada dos segundos con cualquier trivialidad-dió una larga calada al cigarrilo y luego lo apagó aplastándolo en la losa-además, aquí fuera, con ese...maldito cielo tengo una mejor perspectiva de lo que está en juego. Ahora siéntese camarada Tereshkova, hágame ese favor.
Ella obedeció, Yuri Gagarin le regaló una sonrisa agradecida mientras le ofrecía un cigarrillo que rechazó. Al acercarse más pudo ver que el camarada director estaba sobre la tumba de Stalin.
-Sus marcas en las simulaciones son las mejores de su grupo de trabajo, sus notas en la escuela de Ingeniería más que remarcables...además de tener una buena puntería y haber podido sorprender al instructor militar.
-Estoy segura de que el camarada Koroliov no tiene tan buenas palabras como él, camarada director.
Aquel cerdo cínico la aborrecía, especialmente desde que lo echara de su cama a patadas.
-Desde luego, afirma que su comportamiento es inacuado en extremo...pero sus notas hablan por si solas-Gagarin sacó una petaca de un bolsillo y bebió, vodka a juzgar por el olor, luego se la pasó y hasta que no la cogió no prosiguió-Yo y el primer secretario del Comité Central creemos que usted es la adecuada para ser elegida.
-No le entiendo.
-Ha sido usted elegida por mi para formar parte del proyecto Alkonost, camarada-le miró con intensidad a los ojos- No sé si felicitarle, la verdad.
Aquello sorprendió a la mujer, le asustó y le honró al mismo tiempo ¿Alkonost? No podía ser cierto; aquel proyecto era tan secreto que aún teniendo un rango elevado dentro del C.S.E solo conocía el nombre y las primeras 8 cifras de su exagerado presupuesto.
-¿Cuando me marcho, camarada director?
-Ayer.



¿? 1969
Un viaje de 5 días en el máximo secreto, rodeada las 24 horas del día por miembros de las Fuerzas Especiales y toda clase de comodidas...aquello era algo nuevo, extraño e inquietante para Valentina. Ni siquiera sabía a donde iba, ni como. Solo que era muy secreto y peligroso.
Gagarin se había quedado en Moscú “Ultimando detalles”; aparte de sus supuestos protectores le acompañaba un hombrecillo delgado y enfermizo, con la piel cetrina y estirada sobre un esqueleto retorcido, que apenas se movía de su sillón, solo bebía y bebía vodka metido en bolsas de plástico, mientras lloriqueaba sin parar. Los dos primeros días Tereshkova no dijo nada, se calló, pero al tercero no puedo más y preguntó a uno de sus guardias que diantres le pasaba.

Se llama Leonid Nikolskiy, trabaja desde hace 30 años en los laboratorios de investigación nuclear...tiene cancer, lo mismo que la mayoría de antiguos compañeros ¿sabe? Malas instalaciones, demasiadas exigencias, poca seguridad. Se muere y sufre, apenas tiene piel ni pelo; dice que todas las medallas que le han dado no valen un cuerno si no le dejan morirse en paz, demasiado valioso, un genio dicen ¿sabe? De modo que para que esté tranquilo en los viajes le damos vodka, si llora y vomita al menos no intenta suicidarse. Nos hace la vida más tranquila aunque recoger su suciedad con protección antiradiación es un problema ¿sabe? Tiene dentro tanto material radiactivo como un cohete R-13...De todos modos, desde el viaje del camarada director Gagarin en la Vostok 1 y el Cambio ha ido a peor, antes no lloraba tanto ni decía tantas locuras ¿sabe? Tenemos órdenes estrictas de que no dejarle ver nunca el firmamente, ni en fotografía ¿sabe?

Después de aquello Valentina solo pudo sentir pena, y algo de asco, por el desgraciado juguete roto del progreso de la Madre Patria.

Cuando las luces de su transporte ¿tren? ¿avión? ¿cohete? ¿que diantres? se volvieron más tenues por sexta vez, indicando que el momento equivalente a la noche se dirigió a su camarote, protegida por 2 camaradas bien armados y se dispuso a dormir, agotada y aburrida, agobiada por la inactividad a la que se veía obligada. Ni siquiera tenía acceso a libros, los habían retirado porque en el pasado Leonid los había intentado utilizar para suicidarse.
Metida ya en la cama se durmió, sin problema además, esperando a que la noche rompiese su monótona estancia durante unas horas. Fundido en negro.
Soñaba con el cielo, soñaba con el viento y como su suave susurro se convertía en tormenta, en el grito desesperado de un hombre. Un alarido demente que atravesaba el metal, la madera, la roca, los huesos de Rusia...
Despertó, claro. No era viento lo que oía sino a Leonid Nikolskiy, acusando a Gagarin de condenarnos al osar sobrevivir a su viaje al espacio, diciendo que Dios mismo estaba furioso por su impertinente viaje y por ello había arrastrado a la Humanidad a un viaje sin retorno en una galaxia extraña.
No podía condenar a Leonid por decir aquello, ella misma había pensando lo mismo muchas veces desde que por las noches pudiese ver un cielo que no era el de la Vía Lactea. Con aquellas esferas extrañas, planetas con vida decían, y aquel Sol que no era un Sol.


CIUDAD COSMOS 1969

Despertó en una habitación bonita pero espartana, con un aire cálido y seco entrando por una ventana que daba a un jardín. El escudo del C.S.E (un cohete con la estrella roja dirigiéndose más allá de la Luna) le devolvió a la realidad, no estaba en un ningún paraiso sino en Ciudad Cosmos, su nuevo hogar desde hacía un día. Situado en medio de un maldito desierto, rodeada por 4 bases militares y con un buen montón de misiles R-15 apuntando a las instalaciones en todo momento, el lugar más secreto y a la vez más peligroso de toda la Unión Soviética.
Solo llevaba un día y ya se sentía mal, y no era solo por las inyecciones que le habían suministrado al bajar de su transporte (una especie de cohete subterraneo, algo imposible de no ser cierto). Vomitaba como había visto vomitar al pobre Leonid, eran nervios y miedo, la enorme COSA que había en un extremo de Ciudad Cosmo, algo irreal y gigantesco, le producía un temor imposible de controlar. Debía medir cosa de 700 metros de alto y tener más de 100 de diametro, aún sin estar terminada; su forma era similar a la de un cohete mezclado con un submarino y una maldita ciudad, que no se derrumbase por su propio peso era ya un milagro de la ingeniería.
Entendía ahora porque el proyecto Alkonost tenía aquel coste astronómico, las cifras que se manejaban en Ciudad Cosmos eran ya de por si terrorificas.
Por suerte ella tenía vistas al jardín de nueva botánica. Potencialmente más peligroso, al menos de momento, que Alkonost pero sin duda más tranquilizadora. Las floras hacían eso.
Se vistió y se fué enseguida a por el desayuno.

El secretario Gagarin le esperaba delante de un plato de salchichas con cereales, leía unos documentos mientras desayunaba ajeno al ajetreo humano que llenaba el barracón 12. Sonrió al verla.
-Buenos días Valentina, te he preparado el desayuno reconstituyente-le indicó un plato enorme donde abundaba la proteina en sus más carnosas y deliciosas formas-es lo mejor para sobreponerse a las inyecciones. Las cuales, por cierto son preferibles a tener algunas de las enfermedades que hemos descubierto, y que quizás aún floten, en estas instalaciones.
Tereshkova se sentó cansada y apenas despierta, Gagarin apenas le hizo caso, de vez en cuando levantaba la mirada de sus papeles y la observaba pero luego volvía a su lectura. De hecho, la gente evitaba la mesa en la que estaban, pese a que los barracones estaban siempre ocupados por un centenar de personas, la cual solo ocupaban ellos.
-Creo que ya ha visto la Alkonost-preguntó con un carraspeo su superior mientras servía café-¿una auténtica monstruosidad, cierto?
Tuvo que responder con la boca llena y un “Si, camarada secretario” apenas comprensible.
-Solo pudimos empezar a construirla cuando los europeos empezaron a colaborar con el Estado tras la crisis de 1961-de pronto miró al vacío, parecía recordar-y a duras penas podemos mantenerla oculta de los norteamericanos, con su coste y tamaño...imposible. Ellos saben que existe Ciudad Cosmo y que nosotros conocemos su proyecto Traveller; aunque nosotros la tenemos más grande, sin duda.
Un momento incomodo.
-Me refería a la nave, y era una broma, camarada Tereshkova. Tranquila.
La había llamado nave, entonces era verdad.
-Entonces esa cosa enorme...es una nave especial, como las Vostok. Solo que mucho más grande, muchísimo. Camarada secretario.
-Creame lo que le digo esto; la Alkonost no se parece en nada una Vostok. Ni una Soyuz o una Vosjod. Es algo nuevo.

Una nave Vostok no podía aterrizar.
Una nave Vostok no requería una tripulación de 45 personas.
Una nave Vostok no tenía su propia huerta y planta de reciclaje de comida y agua.
Una nave Vostok no iba armada hasta los dientes.
Una nave Vostok no llevaba equipamiento para una expedición exploradora terrestre.
Una nave Vostok no llevaba
Una nave Vostok no funcionaba mediante un pequeño pero potentísimo reactor nuclear.
Una nave Vostok no funcionaba de manera autonoma, sin control terrestre.
Una nave Vostok no costaba tanto dinero como 3 Guerras Mundiales.
Una nave Vostok no estaba pensada para explorar otros planetas, estudiarlos y reclamarlos en nombre de la Unión Soviética.
La Alkonost 1 si.
O eso decía el camarada Gagarin.



CIUDAD COSMO 1970
En los meses que llevaba en C.C había visto muchas cosas raras, la habían entrado para que aprendiese a emplear todos los aparatos de la Alkonost, la cual conocía tan bien como la palma de su mano y estaba, según decían, capacitada para aprender a manejar. En las simulaciones era sorprendentemente fácil, pero los técnicos decían que era una representación fiel ¿que clase diseño era aquel? Casi parecía un juguete pero era algo tan real...nadie se gastaba la fortuna de toda Europa varias veces para algo así y que no funcionase. Solo un loco.
Un loco como decían que era el camarada Gagarin.
Se decía, muy bajito y cuando no había ningún oficial cerca (o se estaba dentro de la Alkonost, llenita de bichos como estaba), que nadie podía ir ascendiendo hacia el espacio y ver como todo cambia en cuestión de segundos sin volverse loco. Observar como el firmamento se deforma, se llena de nuevos y extraños colores, esferas que no deberían estar ahí. Y luego volver.
Gagarin estaba loco, sin duda, pero había que estarlo al menos un poco ¿sino como iban a meterse en una nave espacial? ¿Una bala que iba a toda velocidad hacia el entorno más hostil conocido por el hombre?
Al menos eso decía Valentina, pero en el fondo no sabía que creer. Y más cuando ese mismo hombre le enseñaba con absoluta tranquilidad lo que parecía ser un cosmonauta de otro mundo, muerto y reseco.
-Le presento al camarada Tunguska, apareció en un crater tras el Cambio aunque las pruebas indican que lleva mucho tiempo muerto.
El esqueleto de la criatura no era humano, tenía un cuello muy largo y un craneo lleno de protuberancias oseas, una mandíbula en tres partes y cuatro brazos divididos en cinco partes, sin dedos. Su traje era similar al de un cosmonauta pero estaba hecho de algo parecido de la piedra. Había algo triste en aquellos restos, manoseado por científicos indios y vigilado por guardias acorazados, armados con
-Él en sí es un misterio apasionante, sin duda, pero aún más interesante fue lo que descubrimos debajo de sus restos mortales. Muchísimo más interesante.

Le hizo pasar en una plataforma que descendió durante un largo rato hasta llegar a una zona helada, vigilada por más de aquellos hombres acorazados. Gagarin caminaba con confianza, fumando pese a las indicaciones de que estaba prohibido hacerlo y sonriendo en cada momento. Valentina en cambio estaba aterrada, aterrada por las cosas que flotaban en enormes tubos de vidrio vigiladas por 2 guardias por cada científico, aterrada por las armas brillantes e imposibles que manejaban (imposible, una palabra recurrente en aquel lugar), aterrada por los constantes gritos que llegaban por todas partes, gritos que no eran humanos...nadie, ni el pobre Leonid, podía generar semejantes sonidos.
Tuvo que ser apartada por los guardias cuando se quedó plantada delante de los restos flotantes de lo que parecía ser un ser humano púrpura dotado de 5 apendices cañosos en lugar de pene y de una cabeza de similar a la de un pulpo. Un científico francés le clavó una aguja en el cuello, se sintió mejor y de pronto la atracción que la criatura generaba en ella se convirtió en asco.
-Produce ese efecto en casi todos-informó su camarada superior-incluso muerto, es realmente asqueroso. Llegó hace 5 días, cayó hace 40 encima de un pueblecito en Afganistan...tuvimos que organizar una pequeña guerra para conseguirlo, pero valió la pena; gracias a él usted y su tripulación no se verán afectados por la perdida de masa osea.
Pronto llegaron a una enorme estancia de piedra, geométrica y espectacular, con extraños grabados por doquier y un triangulo abierto en el centro del que emanaba un rayo de pura luz. Dentro había algo, una esfera...que cambió.
-Este es el camarada Cero, no se asuste ni le haga caso-la voz de Gagarin se volvió monocorde, metálica-No será agradable pero es necesario que le conozca. Y no se preocupe por él, solo dirá mentiras o medias verdades, solo dice la verdad...bajo el dolor más extremo.
Camarada Cero era similar a un hombre, solo que extrañamente neutro, un esquema de ser humano, una pieza sin acabar. Flotaba y su rostro reflejaba una paciencia infinita, sus ojos un desdén burlón, sus manos cruzadas y asentadas sobre su tripa indicaban que todo aquello era provocado.
-Te presento al equipaje de la Alkonost original.
-Hola Valentina Tereshkova, soy Segundo pero vosotros me llamáis Cero. Un cero es lo que tú y tu raza tendríais que ser en la gran ecuación que es la gran matemática del Plan mal llamado universo, ladrones repugnantes.
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¿CONTINUARA?

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