martes, 31 de julio de 2012

Dulces momentos épicos


Lo admito,muy a menudo los momentos que más me suelen gustar de la fantasía heroica es cuando los heroes, machacados y reventados, agotados y superados se topan cara a cara con un enemigo muy poderoso y contra todo pronóstico...cargan contra él.



Y pese a los brutales golpes, pese a la magia oscura, pese a que son solo unos mortales frente a un poder que si, joder, es por mucho superior a ellos vencen, heridos e incluso muertos. Porque son héroes, y si ellos no lo hacen nadie lo hará, el mundo pagará las consecuencias y la cosa se pondrá Midnigth cagando hostias. Es simple, es algo que me afecta al cerebro de manera brutal, algo primario e infantil que está ahí acechando como un tigre salvaje. Ya lo dije, me gusta salvar el mundo, y si, me gusta que mi personaje lo pasé mal mientras lo hace.

¿Sería igual el Señor de los Anillos si Gimli, Legolas, Aragorn y Frodín lo pasasen bien por el camino? No. Mola ver al futuro Rey de Gondor mojado por la brutal lluvia que cae, hundiéndose en el barro mientras raja y raja y raja uruks. La desesperación condimenta muy bien el heroísmo, creo yo.



Hace una semana tuve unos de esos momentos.

Era el fin de la campaña de La Marca del Este de Tenfes el Adepto; la Marca está en guerra con un poderoso liche del Mundo Antiguo que solo podía ser vencido si era liberado un supuesto antiguo poder divino. Bien, el caso es que nos engañaron como chinos, en una escena que me recordó mucho a la elección final de Mass Effect 3, y lo que terminamos liberando era un poderoso demonio.
Se dijo algo, huir creo...y mi personaje, Xeldon Von Cooper, Caballero del Espino y enemigo de los Demonios hizo lo que era natural.
Dispararle la estacadora al muy hijo de su madre y cargar gritando contra él crosser el mano.



Estábamos tocados, agotados, sin mago y teníamos delante a un tipejo poderoso de narices, de nivel 20 y con muy mala hostia. Pero lo hicimos, cargamos y si, recibimos de lo lindo, siempre íbamos in extremis pero vencimos. Devolvimos al viejo mal a su lugar a base de buenas collejas y salvamos el día. Puede que Robleda ahora solo sea cenizas, pero pudo ser mucho peor, rendirnos podría habernos costado la guerra. Por eso no lo hicimos.

Y eso es algo genial. La sensación de "Lo hemos hecho", aunque sea en un juego de rol es impagable, una delicia y por esas cositas por las que me gusta jugar.

¡EL QUE QUIERA RENDIRSE QUE SE VAYA A RIVENDEL!


3 comentarios:

  1. Ya me gustaría tener a jugadores así. Épicos. Me voy a tener que dejar de Aquelarre, Warhammer y todo eso y meterme una buena campaña de mazmorreo épico entre pecho y espalda. Quizás con la Marca o con Roll & Play, quien sabe.

    Muy inspirador, sí señor.

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