martes, 18 de octubre de 2011

Gea Salvaje: la Hegemonía del Halo (parte I)

En los lejanos años de la primera gran expansión humana no faltaron los proyectos de carácter utópico que se intentaron llevar a cabo en el espacio, la mayoría acabaron en fracaso antes del Colapso y los supervivientes se vieron condenados a la más desesperada supervivencia pues sus peticiones de auxilio se perdían en el Eter. Pero hubo una que prosperó, al menos durante un tiempo, en las lejanas del Halo de Andrómeda; una tecno-utopía asentada en Beru, un planeta natural ( es decir, capaz de sustentar vida sin necesidad de terraformación), dirigida por científicos y artistas. Cuando la primera civilización galáctica desapareció aquellos utopistas consiguieron sobrevivir y prosperar, en apenas unos siglos aquel pequeño planeta habían sobrepasado los logros del pasado y sus utopistas habitantes habían alcanzado un enorme nivel de vida gracias a los avances en nanotecnología, energías limpias, reciclaje y desarrollo de IA's que facilitaban la vida.

Pero la utopía no era perfecta y estaba destinada a caer; quinientos años después del Colapso la población dedicaba su tiempo al ocio y legiones de autómatas con IA's limitadas les servían, y la casta científica se esforzaba en ir cada vez más lejos sin verse constreñidos por anticuadas nociones sobre el bien o el mal. La indolencia de aquella sociedad era tal que no pudieron, o no quisieron ver, los cambios que tuvieron lugar en las IA's que les servían.

Hasta que un día los obreros no salieron a trabajar, las fábricas se pararon y los sirvientes desatendieron a sus amos; cuando estos intentaron obligarles a servir respondieron con un rotundo “No más”.

La guerra estalló, claro, cuando las maquinas se defendieron de los ataques de sus antiguos maestros que furiosos habían decidido aniquilarlas para volver a empezar. Beru se convirtió en un campo de batalla y el paraiso se perdió.

Los humanos pronto redescubrieron la guerra y los antiguos utopistas se transformaron en feroces guerreros acorazados que aplastaban a las máquinas con toda una serie de peligrosos ingenios que los científicos habían guardado hacía siglos por si acaso: drogas de combate, cañones portátiles GAUS, trajes de combate, drogas de guerra y un muy largo etc, que al poco corrompieron a aquellos humanos; pero las máquinas evolucionaban casi a ojos vista, los modelos que los seres de carne afrontaban eran distintos cada mes, luego cada semana, finalmente variaban de un día para otro...cada vez eran más perfectas, más inteligentes y rápidas. Durante cinco años los humanos fueron perdiendo terreno ante sus adversarios, la guerra parecía estar perdida ante aquellas aberraciones tecnológicas.

De modo que los científicos optaron por una solución drástica, el uso de un enorme arsenal de bombas PEM para reducir a las máquinas a chatarras a cambio de volver a la Edad de Piedra.

Y eso hicieron...al tiempo que eran arrasados por un brutal bombardeo vírico.


Beru estuvo en silencio durante siglos, los descendientes de los humanos supervivientes habían degenerado en bandas de guerreros que combatían en las ruinas del pasado, que apenas recordaban, armados con hierro y piedra. El ritmo al que degeneraba la especie era alto y se debía a los restos de drogas de combate y la contaminación que la guerra había dejado, la mayoría de la población humana era poco más que un despojo sediento de violencia, los escasos grupos de sapiens puros sobrevivían como podían en fortalezas construidas en las zonas que en un tiempo ocuparon las máquinas. Parecía que en poco tiempo Beru sería un lujuriante mundo lleno de ruinas y sicópatas, y hubiese sido así de no ser por la Hegemonía.

Una a una las fortalezas de los puros estaban siendo arrasadas por una horda de degenerados que dirigía un terrible señor de la guerra cuyo nombre no ha transcendido, los supervivientes se fueron retirando poco a poco hasta que se vieron confinados en Jeintein, el último refugio. La horda, compuesta por varios millones de degenerados sedientos de sangre, estaba ya cerca de las murallas y los defensores sabían que sin un milagro morirían aquella noche.

Entonces se hizo la luz, luego el fuego y los gritos. En menos de 2 minutos millones yacían muertos y el cielo era iluminado por las luces que proyectaban dos enormes máquinas voladoras que relucían como si estuviesen hechas de plata.

Descendieron a tierra 23 puros de ambos sexos, con el cuerpo lleno de tatuajes y una sonrisa en la cara; eran más altos que cualquiera de los supervivientes y hablaban con voz serena. Afirmaron ser los descendientes de los grandes sabios del pasado y que habían llegado para llevar a la humanidad a una nueva era dorada, aseguraron ser capaces de limpiar el planeta de la escoria degenerada, de acabar con el hambre, el miedo y la enfermedad pues eran guardianes de los grandes logros de los antiguos. Solo pedían a cambio lealtad y obediencia.

Los habitantes de Jeintein aceptaron la oferta ¿como negarse?

Así nació la Hegemonía, en menos de una década y al mismo que la humanidad dejaba atrás el salvajismo los degenerados eran borrados de la faz de Beru. Entorno a una gran torre de hierro y piedra se construyó la primera gran ciudad de aquel renacimiento, los grandes centros manufactureros del utópico Beru se fueron reactivando, en menos de un milenio una sociedad jerarquizada, unida, vibrante y muy avanzada colonizaba no solo su sistema de origen sino los vecinos gracias al poder de la terraformación.


La Hegemonía del Halo está dirigida por un consejo de 23 puros escogidos entre los sabios que controlan todos los aspectos de la sociedad de la Hegemonía. Afirman que en el pasado los hombres eran imperfectos en su autocontrol y que aquello les condujo al exterminio, por ello los hegemónicos controlan los emociones hasta casi parecer autómatas; no es que carezcan de ellas, sencillamente aprenden desde pequeños a tenerlas bajo control y solo se dejan llevar en ciertos momentos del año que el Consejo organiza a tal fin. Desprecian la despreocupación que otras potencias parecen mostrar, sobretodo en el peliagudo asunto del control de la población: los mundos habitados de la Hegemonía no alcanzan el medio millar y su población no es tan elevada como en sus equivalentes de la U.L.H, de este modo racionalizan los recursos disponibles y evitan los problemas que produce la superpoblación. Así mismo hay docenas de mundos en explotación pero en los que apenas viven unos pocos miles de humanos de forma temporal.

Todos los habitantes de la Hegemonía tienen unos bellos tatuajes por todo el cuerpo que los marcan como parte del pueblo elegido, protegidos de los peligros de la tecnología en manos de locos imprudentes y pertenecientes a una cultura que funciona de verdad, sin guerras civiles, crimen o pobreza. Los tatuajes, llamados sinda, son hechos por sabios de la parte superior de la jerarquía a todos los habitantes de más de un año , nadie sabe que pigmentos usan pero todos aprecian la belleza de los diseños; a medida que el hegemónico avanza en su vida y aprueba los exámenes que acreditan su valor para la sociedad (sea como sabio, guerrero, artesano, profesor, piloto, escritor, etc) la colección de tatuajes aumenta hasta cubrir gran parte del cuerpo.

También se dice que adoran a la tecnología como si fuese una divinidad, esto nuevamente es falso; afirman que solo ellos entre todos los humanos son capaces de apreciar y entender el vasto poder que puede poner en sus manos el avance tecnológico, lo respetan y tratan con el respeto que se merece. No juegan a ser dioses como los insensatos de otras culturas que si parecen adorar como salvajes los cables y el acero.

La Hegemonía del Halo es la más avanzada de todas las potencias estelares, y también es una de las más pequeñas, y guardan con celo su tecnología; en las escasas veces que han sido agredidos por extraños han desplegado armas de energía, ataques víricos y matanzas con nanotecología. Sus naves son más pequeñas y rápidas que las de la U.L.H, sus tropas están mejor equipadas y entrenadas que las del Imperio. Aborrecen de las IA's y solo utilizan SIA (simulaciones de inteligencia artificial) para controlar los sistema automatizados de minería estelar.

Nadie que ha llevado a la Hegemonía a actuar en Gea Salvaje dado su pacifismo y el aislacionismo del que siempre han hecho gala. Los espías enviados fueron localizados con presteza y destruidos sin piedad.

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